PESSOA Y EL DESASOSIEGO DE LA ESCRITURA

En el escritor viven deseos contradictorios. La finitud, la infinitud. Lo racional, lo irracional. El todo, la nada. La obra cerrada y la que no se cierra nunca.

Pessoa representa no solo el desasosiego vital, sino también, por qué no, el desasosiego del artista ante una obra multiforme. En esa cualidad precisamente reside uno de los rasgos de la modernidad de Pessoa.

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Pessoa se queja de solo escribir nada menos que “fragmentos, fragmentos, fragmentos”; o también en versos del poeta Caeiro: “como si escribir fuese una cosa que me ocurriese/ como darme el sol de fuera”. Pero, ¿qué valor puede alcanzar una obra compuesta de fragmentos?

Aquí reside la lucha del escritor, su desasosiego artístico, que sabe que se enfrenta a la tarea infinita de la comunicación total: llegar a ser a un tiempo todos los escritores posibles. ¿Es necesario que el escritor elija a uno solo, de entre todos los posibles? Pues, ¿no es acaso el escritor todos los hombres posibles? Luego, ¿por qué no ser también todos los escritores posibles?
Aunque toda obra grande parece hacernos pensar en la infinitud, en el ilimitado alcance vital de esos monstruos de la escritura, el escritor, humano como es, vive inscrito en su espacio y su tiempo, en su finitud. La infinitud proviene de la sensación que produce la gran obra, la sensación de representar el mundo, y no desde luego de la real finitud del artista, que es, por desgracia, tan limitado en su humanidad como los demás hombres cogidos uno a uno al azar. Shakespeare, por ejemplo, parece inexistente en su vida personal, dejando apenas unos pocos documentos insignificantes de su paso por el mundo, y sin embargo construye en sus piezas teatrales un mundo total.

El drama de Pessoa se percibe en sus últimos intentos, desesperados y abúlicos, por poner en orden sus escritos. La obra que naufraga en el hombre, y el hombre que naufraga en la obra. La obra que espera, revuelta en un cofre, a que los estudiosos del autor ordenen y saqueen. ¡Qué le va a importar ya al escritor!

Un hombre que deja cientos de proyectos inconclusos. Que escribe cuando el alcohol, la depresión y la tristeza le dejan un segundo de descanso. Es un ejemplo de literatura moderna y trascendente. Un ejemplo de lo que puede llegar a ser, a pesar quizá del ser mismo.

 

Manolo Yagüe