DE LA IDEA AL TEXTO

 

Tal y como ilustra Marina en su libro «Teoría de la inteligencia creadora» (altamente recomendable para conocer el proceso que va de la idea de la obra de arte a su plasmación definitiva), en el ejemplo de la génesis de El otoño del patriarca, vemos como el escritor es seducido por emociones, intuiciones, y por supuesto renuncias. García Márquez describe la escena que le llevó a escribir la novela de un dictador latinoamericano:

«Periodistas y fotógrafos esperábamos en la antesala presidencial. Eran cerca de las cuatro de la madrugada cuando se abrió la puerta y vimos a un oficial, en traje de campaña, caminando de espaldas, con las botas embarradas y una metralleta en la mano. Pasó entre nosotros, los periodistas, caminando de espaldas, apuntando con su metralleta y manchando la alfombra con el barro de sus botas. Bajó la escalera, tomó el auto que lo llevó al aeropuerto y se fue al exilio. Fue en ese instante en que aquel militar salía del cuarto donde se discutía cómo iba a formarse definitivamente el nuevo gobierno, cuando tuve la intuición del poder, del misterio del poder».

A partir de aquí el escritor intuye lo que tiene que escribir, o lo que es lo mismo, entiende con claridad lo que no escribirá en absoluto. Aún sin conocer el argumento, sabía que no escribiría una apología del dictador, ni una novela rosa, o una comedia ligera. Y sabía también, aunque sea gracias a la intuición y al continuo trabajo de sus escritos anteriores, que impondría un estilo propio, una manera particular de ver la realidad en su novela.

 

Temario del Curso de Iniciación a la Escritura Creativa (Fragmento).

EL ESCRITOR Y LA TAREA DE DOCUMENTACIÓN

 

 

La labor de documentación puede llegar a ser pesada, e incluso desesperada, puede parecer en ocasiones inútil o que resta excesivas horas de esfuerzo y trabajo para tan mediocres fines. Sin embargo, en dosis moderadas es beneficiosa. Veamos un testimonio divertido y clarificador.

 

 
«Mientras escribo se van acumulando en mi mesa toda clase de libros de información y consulta, que consigo a medida que los necesito. Para mi última novela me valí de varios textos de alquimia, numerosos relatos de navegantes, crónicas sobre las pestes medievales, recetas de cocina, manuales de venenos y antídotos, estudios sobre el escorbuto, el beriberi y la pelagra, libros sobre nuestras guerras civiles, sobre medicina casera, sobre armas de fuego antiguas, además de los veinticuatro tomos de la Enciclopedia Británica, y muchos más. Tuve que aprender sobre la marcha cómo se distingue el sexo de los camarones, cómo se fusila a un hombre, cómo se establece la calidad del banano. Tuve que renunciar a un personaje porque no encontré a tiempo alguien que me tradujera siete frases al papiamento, tuve que hacer numerosas consultas sobre el sánscrito, tuve que calcular cuánto pesan siete mil doscientos catorce doblones de a cuatro  para estar seguro de que podían cargarlos cuatro niños, y tuve que prescindir de muchos episodios y modificar a última hora el carácter de un personaje porque no pude encontrar dieciséis maneras de matar cucarachas en la Edad Media. En la actualidad estoy aprendiendo a construir una silla eléctrica, para que pueda hacerlo un personaje de mi próxima novela.»

 

Gabriel García Márquez.

 

 

 

¿Qué enseñanzas podemos extraer de este sabroso testimonio?

 

  • Que el escritor ha de realizar una importante y seria labor de documentación.
  • Que el lector no se fiará de un escritor que no haga un buen trabajo de documentación. Si el lector descubre un fallo de este tipo, sospechará del autor, supondrá que no se ha tomado el trabajo suficiente, y en casos extremos pensará que se le está tomando literalmente el pelo. Y a ningún lector le gusta que se le tome el pelo o que se le venda gato por liebre.
  • Si un escritor como García Márquez, que se permite tales licencias fantásticas, se anda con cuidado con la documentación, imaginemos los esfuerzos a los que se someterán los escritores de ciencia-ficción o los que escriban un relato de ambientación histórica. Un escritor que pretende centrarse en reflejar la realidad del momento presente en un entorno cercano se debería andar con parecidas precauciones.
  • Para el escritor serio resulta cuanto menos angustioso descubrir la infinita variedad de temas sobre los que no sabe nada en absoluto. Mecánica de automóviles, crianza de caballos, instalación de estufas, montaje de armas de fuego, el proceso, sintomatología y tratamiento de enfermedades —incluso las más corrientes—, especies de plantas y animales, datos históricos, geográficos, pesos, medidas,  alimentos… Por suerte no necesita ser un experto en todo tipo de temas, desde fontanería o botánica, hasta enfermería o comercio al por menor. Le basta con informaciones prácticas del tipo: ¿Qué desayunaría un japonés chapado a la antigua? ¿Qué medicinas se suministran a los niños cuando tienen fiebre? ¿Qué pieza puede haberse roto en una caldera para mantener a un técnico ocupado en su reparación media mañana? ¿Cómo se arregla hoy en día y a qué precio, el pinchazo de una bicicleta?
  • Sin embargo, ya que en estos primeros temas estamos tratando de dar vida a nuestros escritos, seamos conscientes de la importancia de concretar ciertas informaciones para que el lector se crea lo que le contamos.

 

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