LA CUADRATURA DEL CIRCULO

 

“Dado un círculo, intentar construir por medio de un número finito de operaciones, un cuadrado que tenga un área equivalente, utilizando únicamente la regla y el compás”.

Edmond Maillet, Introduccion à la théorie des nombres trascendants et des proprieties arithmétiques des fonctions, París, 1906, p. 156.

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Una vez descartada la posibilidad por la ciencia moderna, como consecuencia del fastidioso e inagotable número pi.

Todavía hay algunos locos solitarios que se dedican a emborronar papel con su compás y cartabón, con sus cuentas inverosímiles, intentando cuadrar el círculo. Se trata de varones solitarios, de escasa educación, y nulos conocimientos matemáticos, que se ponen a la tarea intentando buscar una fama que ya no existe.

La muerte los sorprende como a todos. Dejan una casa llena de papeles enloquecidos, cuadernos de alucinaciones y diarios llenos de terror matemático. Por suerte no suelen ser peligrosos, pero se los cataloga como locos.

No lo son más, por cierto, que quienes rellenan autodefinidos sin parar, con la extraña ilusión de hacer el mismo trabajo que un Cervantes. O que otras aficiones modernas en las que el hombre, pues generalmente se trata de un hombre- las mujeres son prácticas y sabias-, cree estar haciendo o construyendo o descubriendo algo trascendental para la humanidad.

El escritor que empieza, pertenece a esta categoría, al menos hasta que ha adquirido una pequeña reputación entre un círculo aunque sea modesto de supuestos iniciados. ¿Quién leería ahora la obra de Cervantes, si se me permite la exageración, si sus escritos hubieran sido tildados de meros escritos de loco? Todo escritor que empieza a escribir, todo artista, está al borde de la locura. Unos caen en ella de manera irremisible, y otros pocos adquieren notoriedad y se salvan.

Antiguamente estos hombres deseosos de fama y aventuras, se enrolaban en un barco y perecían de alguna fiebre rara y dolorosa, o ahogados en un naufragio. Hoy en día no quedan airosas salidas, como un barco rumbo al Pacífico, para el hombre común y corriente, ya que el planeta tierra ha sido recorrido en su totalidad, y la exploración del espacio extraterrestre es muy cara, y por tanto inaccesible.

La sed de gloria se sacia con la adquisición de riquezas, el consumo de drogas o la practica compulsiva de sexo; unas pocas veces con el arte. Es decir que, como la cuadratura del círculo, no se sacia nunca.

 

Ensayos mínimos, Manolo Yagüe.