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DE LA COMPASIÓN: POR MARÍA YAGÜE

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El tema de la compasión empezó a interesarme cuándo vivía en Irlanda, en aquel momento me hallaba enfrascada en terapia, preocupada por entender mi propio ser, por vivir en paz y plenitud, ¡casi nada!

Una de las cosas que más me ayudaron en los momentos en dónde el desaliento me podía, dónde nada tenía sentido para mí, sin razones obvias para ello, fue el poder de la palabra compasión. Como yo realizaba la terapia en inglés, la palabra que usaba como un mantra era compassion. La repetía o la escribía, siempre dirigida hacia mi propia persona, realizando una y mil veces un ejercicio de auto-compasión.

Lo curioso es que esta palabra tiene un rasgo peyorativo en español, siendo definida por la Real Academia como: “sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias”. Por el contrario, por ejemplo, en inglés y francés compassion es algo positivo, siendo una virtud ser compasivo. Hay centros como  “The Center for Compassion and Altruism Research” de la Universidad de Standord  dónde se estudia desde un punto de vista científico y en el mundo anglosajón  se realizan diferentes estudios en dónde se intenta medir su poder curativo.

Me niego a pensar que lo que yo hacía era un ejercicio de lástima y conmiseración, sino todo lo opuesto. La compasión debería ser revisada en nuestros diccionarios, considerándosela un acto de amor que nos permite ser capaces de sentir el dolor ajeno.

Y para mi regocijo personal he descubierto que dos pensadores como Jose Antonio Marina y otro de la talla humana e intelectual de Bertrand Russell, escribieron sobre este asunto mucho antes que yo. Marina, según sus propias palabras, escribe que “considerar a la compasión como un sentimiento paternalista y humillante es una gigantesta corrupción afectiva”. Russell por su parte la consideraba, ya en su vejez, como una de los motores que había movido su vida. Ya sé que esto no valida mi argumentación, por mucho premio Nobel que uno posea puede estar muy equivocado en muchas cosas, pero permitánme que lo disfrute como una pequeña victoria.

La próxima vez que tengan que obsequiar a alguien, incluidos ustedes mismos, ya saben, regalen compasión. No se agota, es gratis y no necesita del odioso papel de regalo.

 

María Yagüe

El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
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