HISTORIA DE UNA PISTOLA

Según Chéjov: “If in the first act you have hung a pistol on the wall, then in the following one it should be fired. Otherwise don’t put it there.” Vamos, que si en un relato sacas una pistola, tiene que dispararse, o en caso contrario es mejor no poner la pistola. Toda una enseñanza para escritores, del maestro del relato.
En mi relato, por supuesto que hay pistola: es, por así decirl,o la protagonista. Me encantan los objetos que cobran especial protagonismo. Y los personajes, no tanto. O quizá me esté equivocando. Nunca hay que prestar más atención que cuando leemos algo breve.

Bueno, bueno, antes de meterme en líos de los que no podría salir, les dejo con la “Historia de una pistola”.

 

Pistola andante, Laurie Simmons.

HISTORIA DE UNA PISTOLA

El hombre compró una pistola porque se rumoreaba que los ladrones rondaban el barrio. La guardó en el cajón de su mesilla, en el dormitorio matrimonial. Su mujer, que andaba espiando desde hacía meses los movimientos de su marido pues suponía que se la pegaba con otra, vio la pistola y, temerosa de que fuera usada contra ella, la escondió encima de un armario.
El hijo descubrió la pistola escalando por el armario, y la guardó en su caja de juguetes.
La asistenta se topó con ella al recoger los juguetes, y sorprendida de que un niño de cinco años tuviera un juguete tan peligroso, bajó corriendo las escaleras con la pistola entre las manos y, sin saber por qué, la metió en su bolso.
El marido de la asistenta, que buscaba dinero para irse de parranda, sacó la pistola del bolso de su mujer, y por si acaso, le propinó una paliza. Luego, salió de casa ya en la noche, y con el arma encajada en el cinto, fue de tugurio en tugurio bebiendo y fanfarroneando con la pistola.
A las seis de la mañana un hombre de aspecto elegante y perfectamente sobrio, se identificó delante de la concurrencia como policía de paisano y requisó el arma, que corría de mesa en mesa en un prostíbulo ilegal de los arrabales.
Abrió su casa sin llamar, empuñando la pistola con un guante de cuero negro para evitar cualquier resto de huellas dactilares, subió muy despacio las escaleras de la mansión, entró en el dormitorio de matrimonio y mató a su mujer. Tranquilo como un fantasma, dejó la pistola al lado del pie izquierdo desnudo de su mujer, y desapareció.
A la mañana siguiente, el ama de llaves de la señora descubrió el cadáver de su patrona y con su voz imperturbable llamó a la policía.
A las nueve de la noche del día siguiente un coche de policía se presentó en la casa del dueño legítimo de la pistola. Los policías, con su habitual formalismo, le leyeron sus derechos, le esposaron y le acusaron del asesinato.
Por desgracia, la elegante señora que murió asesinada era vecina y amante del dueño de la pistola.
Por lo que respecta al destino final de la pistola, acabó guardada en el cajónde un almacén oscuro.

Manolo Yagüe.