GANDHI: A PARTIR DE UNA HUMILLACIÓN

 

 

Photograph by V.N. O'key, circa 1945

No exageraríamos demasiado si afirmásemos que toda la obra de Gandhi se debe a la humillación. En efecto, al volver de Londres a su casa de la India, ya como joven abogado, es humillado e incluso expulsado de la casa del Gobernador de Porbander, un tal Olivant, al que incluso Gandhi había llegado a tratar de forma cordial en su estancia en Inglaterra. El asunto, básicamente se resumía en la forma de gobierno que sobre las colonias británicas imponía la metrópoli. Explicado por un marxista esto significaría que las relaciones económicas de dominación imperial capitalista (la superestructura), determinaban una forma de cultura, de sociedad, de política e incluso de religión, que sancionaban dicha desigualdad y dominación. Dicho de otro modo menos rebuscado, las relaciones humanas se corrompen cuando un pueblo domina a otro, cuando alguien domina a otros individuos.

Podemos afirmar con total seguridad que hay personas especialmente sensibles al sentimiento de humillación. Pero seguramente este sentimiento de humillación se había acentuado en Gandhi por el hecho de ser un joven indio cuya familia había ocupado una posición acomodada dentro de la sociedad tradicional en la que había vivido. Para alguien acostumbrado a ser tratado con respeto y dignidad tener que enfrentarse a la humillación infringida por alguien que se cree superior, es infinitamente más duro que para alguien acostumbrado a ese suceso. Igual que para el niño que no ha pasado jamás necesidades ni frío ni penurias económicas, enfrentarse a esa situación de improviso puede llevarle incluso a la muerte, Gandhi despertó a ese sentimiento de humillación, seguramente porque no había estado acostumbrado a él.

Ya en Sudáfrica se sintió terriblemente humillado por el hecho de ser expulsado de un tren por negarse a abandonar el vagón de primera, para el que tenía comprado un billete. Me imagino que detalles como este resultan más humillantes a un nivel simbólico que toda la dominación imperial y económica juntas. Imagino al joven abogado indio, y siento la misma reacción de orgullosa indignación que sintió él.

Sin embargo, hay otro elemento que debemos atribuir en exclusiva a Gandhi, un mérito mayor, y es el hecho de ser de esos pocos hombres que no se resigna ante una injusta situación. La mayor parte de nosotros, en mayor o menor grado aceptamos atropellos menores contra nuestra dignidad, incluso en sociedades avanzadas, y en posesión de plenos derechos e igualdad legal. Su obra toda es un ejercicio de resistencia frente a la humillación.

Me imagino que a Gandhi le revolvía las tripas sentir que perdía la dignidad. No hay sentimiento que produzca desazón mayor en el hombre que este. Si ese sentimiento persiste, en la mayoría de las personas lleva a reproducir el mismo sentimiento en nuestras relaciones personales. Humillamos a quienes son inferiores a nosotros, porque nosotros hemos sido humillados por quienes eran superiores. Reproducimos con ello la cadena de relaciones humanas marcadas por la humillación y el ansia de poder.

 

Manolo Yagüe.

>El 15 M

>Que nos quede claro que, con ser mucho, no es suficiente el 15 M. Hace falta mucha reflexión social, una interiorización de las causas que nos llevan hasta donde estamos, y una responsabilidad firme frente a las acciones propias que consolidan o mantienen el estado de cosas presente. Somos responsables de manera individual, y el cambio será individuo a individuo.