EL DETECTIVE: EL PRIMER PASO PARA ESCRIBIR NOVELA POLICIACA

No es muy ordenado en la rutina cotidiana, es muy habilidoso disfrazándose, fuma en pipa, le gustan las galletas, toca el violín (un Stradivarius, a menudo a horas poco adecuadas) con maestría, es un experto apicultor, excelente boxeador, tiene un gran conocimiento científico, en especial en química —aunque a juicio del propio Watson carece por completo de otros conocimientos propios de un hombre culto de su época, como literatura o filosofía—, y, cuando se aburre por falta de los retos intelectuales que suponen sus casos, consume cocaína en una solución al 7 por ciento.

¿Te imaginas compartiendo piso con un tipo de tales características?

No es otro que el gran Holmes.

Es quizás el primer y gran ejemplo de personaje atractivo, peculiar, maldito. Y es un primer paso ineludible para construir una gran novela policiaca: encontrar a un personaje protagonista que no queramos abandonar nunca. Es cierto, el gran reto de un personaje es precisamente dar con las claves de un buen personaje. En Holmes se dan dosis de intriga, de inteligencia, de oscuridad, de improvisación, tales, que hacen de él un tipo fantástico para escribir sobre él.

Pero qué sucede con otros detectives. ¿Son tan diferentes a Holmes como creemos? El detective de novela negra norteamericana pasa por ser un modelo para el escritor: ya no es un héroe de los de antes, pero a cambio, se conoce el oficio, y es un tipo con pocos escrúpulos.

Os dejo con Marlowe, y con una pregunta:

¿En qué se parecen y diferencian Holmes y Marlowe?

 

Soy un investigador privado con licencia y llevo algún tiempo en este trabajo. Tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy un jovencito y carezco de dinero. He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado, pero hay un par con los que me llevo bien. Soy de California, nacido en Santa Rosa, padres muertos, ni hermanos ni hermanas y cuando acaben conmigo en un callejón oscuro, si es que sucede, como le puede ocurrir a cualquiera en mi oficio, y a otras muchas personas en cualquier oficio, o en ninguno, en los días que corren, nadie tendrá la sensación de que a su vida le falta de pronto el suelo.

 

El largo adiós, Raymond Chandler, 1953

LAS ESCRITORAS QUE SE ESCONDÍAN, un fragmento de Esther Tusquets

Cuenta uno de sus sobrinos que Jane Austen, que escribió la mayor parte de sus obras en la sala de estar, sujeta a todo tipo de interrupciones, «tuvo siempre buen cuidado de que no sospecharan sus actividades los criados, ni las visitas, ni nadie ajeno a su círculo familiar». Y comenta Virginia Woolf: «Sin alardear ni tratar de herir al sexo opuesto, puede decirse que Orgullo y prejuicio es un buen libro. En cualquier caso, a uno no le hubiera avergonzado que le sorprendieran escribiéndolo. No obstante, Jane Austen se alegraba de que chirriara el gozne de la puerta para poder esconder su manuscrito antes de que entrara nadie. A los ojos de Jane Austen había algo vergonzoso en el hecho de escribir Orgullo y prejuicio. Y me pregunto, ¿hubiera sido Orgullo y prejuicio una novela mejor si a Jane Austen no le hubiera parecido necesario esconder su manuscrito para que no lo vieran las visitas?»

Así pues, respecto al siglo XIX no cabe duda. Escribir era una profesión considerada impropia de la mujer, una transgresión a las normas, algo de lo cual, lejos de envanecerse, había que avergonzarse, y que hacía la vida más difícil y le añadía un suplemento de riesgo. Las novelistas del siglo XIX no escribían con ánimos de triunfar ni de hacerse famosas: escribían por la misma razón que los escritores de cualquier sexo y de cualquier época: porque no podían dejar de hacerlo, porque escribir era una necesidad ineludible. Habían sido desde siempre grandes receptoras de historias, magníficas narradoras orales, les había llegado el momento de, aun con limitaciones y dificultades, poder escribirlas, y no iban a perder la oportunidad de hacerlo.

 

Esther Tusquets

DETALLES DE ESCRITURA: TOBIAS WOLFF

Los grandes escritores me impresionan (entre otros) por dos motivos:

1- Me hacen vivir lo que sus personajes viven.

2- Consiguen, al tiempo, que lo que yo he experimentado alguna vez, vuelva a mí durante la lectura. Es un camino de ida y vuelta.

Y es que el escritor ha de estar pendiente de cada sensación, gesto, movimiento que haya vivido. Para poder luego transmitírselo a sus personajes, y poder devolvérselo al lector.

Pondré un ejemplo, quizás demasiado pequeño, cosa de un instante. Yo calificaría a este momento el de la risa nerviosa:

 

Charlie emprendió la vuelta a casa por el camino más largo, por Columbus Avenue, porque el Columbus Avenue tenía las farolas más luminosas. Pero con esta niebla las farolas eran sólo una presencia, una mancha lechosa aquí y allí entre el vapor. Charlie anduvo despacio y pegándose a las paredes. No se encontró a nadie en el camino; pero una vez, cuando se detuvo para secarse la humedad de la cara, oyó un extraño ruido de pasos tras él, y al volverse vio a un perro de tres patas surgir entre la niebla. Pasó junto a él dando una serie de sacudidas y desapareció. 

–Dios –dijo Charlie. 

Luego se rió, pero el sonido fue poco convincente y decidió meterse en algún sitio durante un rato.

 

Aquí empieza nuestra historia, Tobias Wolff, Ed. Alfaguara

 

Charlie camina por una ciudad fantasmal, neblinosa, a altas horas de la noche. Se apoya contra las paredes, como para resguardarse de su propio miedo. Cuando oye un ruido de pasos inquietante: un perro de tres patas pasa a su lado. Casi da miedo. Pero al tiempo es ridículo. ¿Cómo le ha podido asustar a Charlie un perro de tres patas, y una niebla espesa, y la noche? Charlie se ríe. Pero con esa risa no ha espantado el miedo del todo. Y decide guarecerse en un café.

Juro que he vivido esa sensación de miedo injustificado, paseando por mi pueblo, en medio de una noche de niebla invernal. Y puedo jurar, que si no un perro de tres patas, sí se me ha cruzado un gato, puede que negro.  Y puedo asegurar, sin faltar un punto a la verdad, que al ver al gato escaparse con sus mullidas y terroríficas patitas en dirección a la nada, se me ha escapado un juramento, y la risa nerviosa de la que habla Tobias Wolff.

 

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LA ROSA: JUAN EDUARDO ZÚÑIGA

El escritor es sus lecturas. Continuando con la labor de difusión de obras interesantes para el escritor, traigo ahora un texto inigualable de Juan Eduardo Zúñiga.

Un escritor que se hace notar poco, y dice mucho, a veces mucho más de lo que uno puede soportar.

A “La rosa” -encarnada, húmeda y fresca-, no le sobra ni le falta nada. Es un ejemplo de sencillez, naturalidad, economía de medios, sensibilidad y simbolismo.  Os dejo con la rosa…

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Retrato de Juan Eduardo Zúñiga, por Amaya Aznar

 

LA ROSA

 

Ante el estudiante, un coche pasó rápidamente, pero él pudo entrever en su interior un bellísimo rostro femenino. Al día siguiente, a la misma hora, volvió a cruzar ante él y también atisbó la sombra clara del rostro entre los pliegues oscuros de un velo. El estudiante se preguntó quién era. Esperó al otro día, atento en el borde de la acera, y vio avanzar el coche con su caballo al trote y esta vez distinguió mejor a la mujer de grandes ojos claros que posaron en él su mirada.
Cada día el estudiante aguardaba el coche, intrigado y presa de la esperanza: cada vez la mujer le parecía más bella. Y, desde el fondo del coche, le sonrió y él tembló de pasión y todo ya perdió importancia, clases y profesores: sólo esperaría aquella hora en la que el coche cruzaba ante su puerta.
Y al fin vio lo que anhelaba: la mujer le saludó con un movimiento de la mano que apareció un instante a la altura de la boca sonriente, y entonces él siguió al coche, andando muy deprisa, yendo detrás por calles y plazas, sin perder de vista su caja bamboleante que se ocultaba al doblar una esquina y reaparecía al cruzar un puente.
Anduvo mucho tiempo y a veces sentía un gran cansancio, o bien, muy animoso, planeaba la conversación que sostendría con ella. Le pareció que pasaba por los mismos sitios, las mismas avenidas con nieblas, con sol o lluvias, de día o de noche, pero él seguía obstinado, seguro de alcanzarla, indiferente a inviernos o veranos.
 Tras un largo trayecto interminable, en un lejano barrio, el coche finalmente se detuvo y él se aproximó con pasos vacilantes y cansados, aunque iba apoyado en un bastón. Con esfuerzo abrió la portezuela y dentro no había nadie.
Únicamente vio sobre el asiento de hule una rosa encarnada, húmeda y fresca. La cogió con su mano sarmentosa y aspiró el tenue aroma de la ilusión nunca conseguida.
Juan Eduardo Zúñiga 

EMPEZAR UN PROYECTO DE NOVELA

Hay pocos escritores aficionados que en un momento u otro no hayan sentido que querían escribir una novela. Sin embargo, escribir una novela requiere hacer un análisis en profundidad de cada aspecto de la misma, antes incluso de empezar a escribir.

Es bueno que hagas el trabajo previo, para que la historia este madura antes de comenzar. Eso no significa que no escribas. Al escribir salen materiales. Pero podemos decir que esos escritos son ensayos que harán que salgan a flote los rasgos y materiales reales de tu novela.

En ese sentido los escritores funcionan de maneras diversas. Hay quienes escriben al principio mucho, y luego reescriben. Pero para ello hace falta experiencia. Por  eso mejor, al iniciar un proyecto largo, definir todos aspectos que rondan vagamente por tu cabeza pero que quizás todavía no se hayan concretado demasiado bien, no sean visibles.

Aquí te propongo una lista de trabajos previos que pueden ayudarte a definir tu proyecto.

 

1-      Escribir una sinopsis. La sinopsis se va modificando con el tiempo. Es un material de trabajo.

2-      Personajes; principales y algunos secundarios. Haz una tabla, o escribe sobre ellos, redacta su biografía, una descripción de cada uno.

3-      Ambientaciones; escenarios. Lugares. Usa fotografías, dibujos, mapas. Todo cuanto permita que tus personajes se muevan por un espacio concreto y real, sobre todo real. Es un peligro dejar que tus personajes vivan en el vacío.

4-      Estilo narrativo: punto de vista. La voz. Tiempo, presente, pasado. Habrás de definir estos aspectos y ser riguroso con ellos. Porque el lector no tolerará que haya saltos en el tiempo inexplicables, cambios del punto de vista absurdos, o grandes diferencias en el tono.

5-      Cada proyecto de novela es un mundo. Ahora bien, si partimos de la base de que todo escritor trabaja a partir de modelos, te vendrá bien conocer y estudiar aquellas obras que te recuerdan al tipo de libro que tú quieres escribir. Si por ejemplo quieres escribir una novela de género (terror, ciencia-ficción, aventuras),  no te queda más remedio que conocer el género y transitar por él como lector.

Selecciona aquellas obras que se convertirán en tus libros de cabecera durante la redacción de la novela.

5-      Es muy importante que hagas un esfuerzo de investigación. Has de conocer bien todo aquello que puede ser susceptible de entrar a formar parte de tu novela. Por ejemplo, si tus personajes vivirán un tiempo en una ciudad que no conoces, habrás de buscar toda la información que te permita que tus personajes vivan en ella con naturalidad.

 

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El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
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