>LAS NOCHES ÁTICAS Y EL BLOG: LA MISCELÁNEA

>En otros tiempos gustaban de recoger en libros compendios de anecdotas de personajes célebres de la antiguedad, vidas de filósofos, historias y aventuras de sabios, antiguas costumbres, apuntes de litereatura, etc, de tal manera que configuraban un abigarrado conjunto, muchas veces desordenado, la mayoría de ellas sin mayor hilazon que el gusto y caracter del recopilador de las mismas.
Es la miscelanea, un género que, por curiosidades del destino, parece que los blogs van introduciendo en nuestro paradigma lector.
Este blog, que pretende recuperar el gusto de la miscelánea en desuso, con materiales tan variopintos como aparentemente descabalados, como si nos los hubiéramos encontrado en una tienda de empeños, o en un desván maravilloso, disfruta del anonimato que conceden las citas agenas, los cuentos prodigiosos e inverosímilies, las obras de rara factura, de humor negro o terror, aquellas imposibles de encontrar o incluso inexistentes.

Impulsado por el ejemplo feliz de Aulo Gelio, y sus Noches Áticas:

“Siempre que caía en mis manos algún libro griego o latino, o cuando tenía la oportunidad de escuchar algo digno de ser recordado, todo cuanto me era grato, del tipo que fuera, lo anotaba de forma desordenada y en mescolanza, y estas cosas las guardaba como apoyo de mi memoria, a la manera de provisiones para mis escritos […]
Por tanto, hemos reproducido en estos comentarios la misma disparidad de asuntos de las anotaciones originarias, concisas, sin elaborar y carentes de orden, tal y como las habíamos tomado de lecciones y lecturas varias. Y, dado que comenzabamos a disfrutar con la reunión de estos comentarios durante las largas noches invernales en la campiña Ática, como ya dije antes, por ello les pusimos simplemente el título de Noches Áticas, […]”
Aulo Gelio, prefacio a Noches Áticas.
Recordemos que estas obras constituían sobre todo un divertimento, y a posteriori un metodo indirecto de enseñanza moral. Nuestra conciencia debía quedar salpicada, enturbiada, o agitada, por las anecdotas, graciosas, terribles, sabias o estúpidas, mientras en apariencia pretendia entretener las largas noches sin televisión.

Eran obras, como se ve, de lectura en grupo, ligeras, que incitaban a una agradable conversación posterior; lecturas para degustar de noche alrededor del fuego, y muy apropiadas para olvidar el día y conciliar el sueño.
Autores como Antonio de Torquemada (primera mitad del siglo XVI), nacido en Astorga,  que estudió en Salamanca, y viajó a Italia durante su juventud, sucesos todos ellos comunes entre los jovenes con posibilidades de la época, dispuestos al mismo tiempo a la aventura romántica y al pragmatismo de obtener un puesto en la creciente administración de los Austrias, popularizan y españolizan el género.

A su vuelta a España, Antonio de Torquemada entró como secretario al servicio del conde de Benavente. Allí, en los descansos de sus ocupaciones realiza sus estudios, y procede a juntar sus recopilaciones, que darán su fruto en la extraña y un tanto enloquecida obra “Jardín de flores curiosas”, donde mezcla leyendas de brujas, cuentos populares, viajes a tierras inexistentes, animales fantásticos, donde se funden verdades y mentiras, o mejor invenciones, donde presenta como erudito lo inverosímil, y donde se regodea en lo anecdótico, terrorífico, incluso cruel.
Muy propio, como se ve, de la mente Hispana, la obra de Antonio de Torquemada españoliza el género que con tan buen gusto supo manejar Aulio Gelio.

Tomando nota de ambos ejemplos, me dispongo, con toda esa sabia herencia del pasado a cuestas, a dar forma a mi blog; hagan ustedes las comparaciones oportunas.

Manuel Yagüe

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