DESCRIBIR UN ESPACIO CON EFICACIA: PAUL AUSTER

Imagina que tienes a dos personajes a los que pretendes llevar a un restaurante para que se pongan a charlar. El restaurante no importa demasiado, salvo como mera ambientación. Lo que importa de verdad es lo que ellos tengan que contarse.

Cuando el escritor se ve obligado a mostrar un espacio al que acaban de llegar sus personajes, se debate entre distintas opciones: mencionar el lugar sin más (fuimos a un restaurante y me contó todo); o embarcarse en una descripción pormenorizada del sitio, a costa, claro, de fatigar o aburrir al lector (describir mesas y sillas, la decoración,  la cubertería, las cortinas, al camarero, a los vecinos de mesa…)

La primera de las opciones es peligrosa, porque el escritor se expone a que sus lectores no vean el lugar, y piensen que los personajes podrían estar tanto en un restaurante como en el banco de una iglesia.

La segunda, no es menos arriesgada, si lo que queremos es precisamente que se resguarden en un lugar agradable, de los que permiten las conversaciones llenas de confidencias; es decir, poner a los personajes en situación para que se lancen a hablar.

Sin embargo, la escritura es cuestión de medida. Y de eficacia.

El pequeño fragmento de Paul Auster seleccionado para la ocasión, perteneciente al relato El cuento de navidad de Auggie Wren, e ilustra perfectamente un caso similar al expuesto. El narrador y Auggie van a comer, invita Paul Auster, a cambio de escuchar de boca de Auggie el mejor cuento de Navidad. ¿Qué escritor se resistiría? Por lo tanto, lo que pretende el escritor es situar a los personajes frente a frente, que se sientan cómodos delante de un plato de comida, y que así puedan charlar sin sentirse cohibidos.

Y ahora, el restaurante al que los lleva el escritor:

Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sándwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas en las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.

¿Qué nos dice Auster del restaurante? Es un sitio como otro cualquiera: angosto y ruidoso (aspecto general del local y del ambiente); tiene buenos sándwiches de pastrami (tipo de comida); fotografías de béisbol (afición que al parecer comparten los dos interlocutores). Luego nos explica dónde se sitúan (al fondo, por supuesto, el mejor sitio para que no los interrumpan los ruidosos clientes que hablan con camaradería); lo que hacen: piden un almuerzo (algo corriente, no es cosa del otro mundo, pero apetecible para quitar el hambre, es un lugar en el que estamos seguros de encontrar a un precio razonable buena comida). Es un típico local neoyorkino, de esos que uno conoce, y que frecuenta a lo largo de su vida. Y luego Auggie se lanza a contar su historia.

¿No es a un local parecido al que llevaríamos a un amigo al que no vemos en mucho tiempo? Paul Auster ha tocado todas las teclas necesarias para que nos sintamos cómodos allí. Y lo mejor de todo, no ha necesitado más que unas pocas líneas.

Por último, y si te ha interesado este post, puedes leer el relato completo de Paul Auster también aquí:

http://www.manoloyague.com/el-cuento-de-navidad-de-auggie-wren-auster/

 

 

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