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LOS LIBROS EN MI VIDA: POR HENRY MILLER

“A pesar de las opiniones de los cínicos y misántropos, sostengo que el hombre siempre se empeñará en compartir sus más profundas experiencias.

Los libros son una de las pocas cosas que los hombres atesoran profundamente. Y cuanto mejor sea el hombre, con mayor facilidad será capaz de desprenderse de los bienes que más atesora. El libro que yace inane en un anaquel es munición desperdiciada. Los libros deben mantenerse en constante circulación como el dinero. ¡Prestad y tomad prestado ambas cosas: libros y dinero! Pero especialmente libros, porque los libros representan infinitamente más que el dinero. El libro no sólo es un amigo sino que sirve para hacernos conquistar amigos. El libro enriquece al que se apodera de él con toda el alma, pero enriquece tres veces más al que lo analiza.”

Los libros en mi vida, Henry Miller

BORGES, MENARD, CERVANTES, Y LA METALITERATURA

No habra fragmento de humor, si esto vale como humor, en la literatura de Borges, como el que veremos a continuación. Pertenece al fantástico Pierre Menard: autor del Quijote:

 

 

Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo):

… la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el “ingenio lego” Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:

… la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las cláusulas finales —ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir— son descaradamente pragmáticas.
También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard —extranjero al fin— adolece de alguna afectación. No así el del precursor, que maneja con desenfado el español corriente de su época.
No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil.

 

 

Cómo no pensar que Borges se estaba burlando de nosotros y de sí mismo.

 

PONER TÍTULOS

Poner un buen título es un misterio. Un buen título vale en ocasiones tanto como escribir un buen cuento, o una buena novela.

Fitzgerald quería en un principio que su novela El gran Gatsby se titulase Trimalchio in West Egg, a lo que su editor se negó. Su editor le propuso el título actual, y el autor aceptó a regañadientes. Nunca sabremos qué hubiera sido de la novela con ese otro título. Sí sabemos qué ha sido de la novela gracias al título definitivo.

Aunque tampoco es para lanzar cohetes. Hasta su muerte, el autor logró unas ventas de la novela cercanas a los 24.000 ejemplares. Y la obra, publicada en el año 1925, pasó por un periodo de olvido. Hasta que fue reeditada en los años 50 y obtuvo el reconocimiento del gran público. Y de la crítica.

¿Qué papel juega el título en el éxito o fracaso de un libro? Yo diría que el título ayuda. Pero que un gran título por si solo no hace un libro. Es mucho más fácil escribir un buen título que escribir una excelente novela. Lo certifica un sencillo paseo por cualquier librería.

ANTON CHEJOV

Páginas de Espuma publica los cuentos completos de Anton Chejov. Al leer el artículo de EL PAÍS SEMANAL (2 de dicembre de 2013), hago una sencilla cuenta. El primer volumen tiene 240 piezas escritas entre 1880 y 1885. Descontando algunas semanas de vacaciones, pero pocas, sale a una media de unos cincuenta cuentos al año. Más o menos, uno por semana. Es un buen ritmo de escritura.

Y, por supuesto, se parece al ritmo de trabajo de un Taller Literario. No está mal.

Es muy importante llevar un buen ritmo de escritura. Sin prisa pero sin pausa, o como diría Carver, sin esperanza pero sin desesperación.

El escritor ha de imponerse rutinas, y ellas generan producción; y, por supuesto, la producción va generando rutinas, sobre todo la rutina de mejorar poco a poco.

 

 

MARGUERITE DURAS: ESCRIBIR

fragmentos

“Hallarse en un agujero, en el fondo de una agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido.”

“Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.”

“Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, nunca se escribiría. No valdría la pena.”

“Escribir es intentar saber que escribiríamos si escribiésemos -solo lo sabemos después- antes, es la cuestión más peligrosa que podemos plantearnos. Pero también es la más habitual.”

 

Escribir, Marguerite Duras, Tusquets Editores, 2000.

El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
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