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BESOS: QUÉ DICE CÁTULO SOBRE EL PARTICULAR

 

Hace tiempo escrbí una entrada del blog titulada BESOS, referente a un poema en el que Paul Morand, medio en serio medio en broma, nos advierte: según un estudio de psicología,  dar besos acorta la vida.

Ustedes eligen, hay que decidirse, ¿damos o no damos besos? Preguntaba yo.
Hoy con otro humor, alegre y amoroso, traigo a colación un sabroso poema del romano Cátulo (84 a.C.- 54 a.C.). Escrito para su su amada, la bella y licenciosa Clodia (que aparece como Lesbia en sus poemas), que luego le dejó, háciendole sufrir a Cátulo amargamente. Va de amor, tambien de besos:
Vivamos, Lesbia, y amemos;
los rumores severos de los viejos
que no valgan ni un duro todos juntos.
Se pone y sale el sol, mas a nosotros,
apenas se nos pone la luz breve,
sola noche sin fin dormir nos toca.
Pero dame mil besos, luego ciento,
después mil otra vez, de nuevo ciento,
luego otros mil aún, y luego ciento…
Después, cuando sumemos muchos miles,
confundamos la cuenta hasta perderla,
que hechizarnos no pueda el envidioso
al saber el total de nuestros besos.

Cátulo

>RYOKAN, EL GRAN TONTO: UN CONSEJO LITERARIO, O UN CONSEJO PARA LA VIDA

>”Al hablar de las relaciones del Zen con la poesía es inevitable traer a colación el nombre del monje y ermitaño zen soto Ryokan (1758-1831). A menudo se piensa que un santo es alguien cuya sinceridad le acarrea la enemistad de la gente, pero Ryokan tiene la distinción de haber sido alguien a quien todo el mundo amaba, quizá porque era natural como un niño, más bien que bueno. Es fácil tener la impresión de que el amor a la naturaleza japonés es predominantemente sentimental, y que hace hincapié sobre todo en los aspectos “lindos” y “bonitos” de la naturaleza: mariposas, flores de cerezo, la luna otoñal, crisantemos y viejos pinos. Pero Ryokan es también el poeta de los piojos, las pulgas y está completamente empapado de lluvia fría:

Ryôkan en su ermita go goan.
En días de lluvia
el monje Ryokan
se apiada de sí.

Y su concepción de la naturaleza forma un solo conjunto:

El sonido del fregado
de la cacerola se mezcla
con la voz de las ramas de los árboles.

En cierto sentido Ryokan es un San Francisco japonés, aunque mucho menos evidentemente religioso. Fue un tonto errante, que jugaba con los niños sin avergonzarse, vivía en una choza solitaria del bosque bajo un techo con goteras y con una pared llena de poemas escritos en su letra maravillosamente ilegible, como patas de araña, tan apreciada por los calígrafos japoneses. compara los piojos de su pecho con bichos en el pasto, y expresa los sentimientos humanos más naturales- tristeza, soledad, azoramiento, o compasión- sin el menor rastro de vergüenza u orgullo. Aun cuando le roban sigue siendo rico, porque

Al ladrón
se le olvidó

la luna en la ventana.

Y cuando no hay dinero

el viento trae
suficientes hojas caídas
para hacer el fuego.”
El camino del zen, Alan Watts.

>DEDICADO A MAESTROS Y PROFESORES: UN POEMA DE NICANOR PARRA

>

Esta entrada está dedicada a todos los maestros y profesores del mundo, nada menos. Un autorretrato de Nicanor Parra, último ganador del Cervantes.
Hay quienes dicen que la poesía de Nicanor Parra no es poesía. Yo no sé qué es la poesía, ni cómo podría definirla. Pero sé cuando hay. Y aquí hay mucha, de alto voltaje. Si Nicanor Parra es un “antipoeta”, yo me incluyo en la categoría.
Puede que las condiciones de maestros y profesores hayan cambiado (gabanes de frailes mendicantes, liceos oscuros, los zapatos de cura), pero los sentimientos siguen vigentes; por no hablar de las polémicas horas semanales:
AUTORRETRATO



Nicanor Parra



Considerad, muchachos,
este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
he perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
que envejecieron sin arte ni parte.
En materia de ojos, a tres metros
no reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
me los he arruinado haciendo clases:
la mala luz, el sol,
la venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
para ganar un pan imperdonable
duro como la cara del burgués
y con olor y con sabor a sangre
¡Para qué hemos nacido como hombres
si nos dan una muerte de animales!
Por el exceso de trabajo, a veces
veo formas extrañas en el aire,
oigo carreras locas,
risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
y estas mejillas blancas de cadáver,
estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
joven, lleno de bellos ideales,
soñé fundiendo el cobre
y limando las caras del diamante:
aquí me tienen hoy
detrás de este mesón inconfortable
embrutecido por el sonsonete
de las quinientas horas semanales.
Poemas y antipoemas, Nicanor Parra.

Editorial Visor.

>BESOS

>Ustedes eligen, hay que decidirse, ¿damos o no damos besos? Veamos qué dice en su poema Paul Morand.



El beso, Robert Doisneau

 BESOS

Un beso
abrevia la vida humana en 3 minutos,
afirma el Departamento de Psicología

del Western State College,
Gunninson (Col.).
El beso
provoca tales palpitaciones
que el corazón trabaja en 4 segundos
más que en 3 minutos.
Las estadísticas demuestran
que 480 besos
acortan la vida en un día,
que 2.360 besos

os privan de una semana
y que 148.071 besos,
son sencillamente un año perdido.

U.S.A. Álbum de fotografías líricas, Paul Morand.
Traducción de Marie-Christine del Castillo, para la obra Oda a Marcel Proust y otros poemas, editorial Renacimiento.

>PAUL MORAND EN GALWAY: UN POEMA Y UN VIAJE LITERARIO

>

Dedico está entrada a Maria Yagüe
En el diario ABC, el día 31 de marzo de 1997, aparece la siguiente explicación referida al poema de Morand:
El volumen, de cuatrocientas páginas, incluye el poema inédito “Galway”, conservado por el académico francés Michel Déon, que fue amigo de Morand y que es el autor del prólogo de esta edición, en el que afirma que la poesía del escritor francés “es un arma de acero templado: ahonda las heridas y descubre el corazón que late desenfrenadamente”.
Quien quiera leer, el artículo completo, o simplemente confirmar el dato, puede ir al siguiente enlace, dentro de la hemeroteca digital de ABC: “Granada publica, por primera vez, la poesía completa de Morand” (31-3-1997).
En mi caso, he llegado hasta Morand y hasta este poema, que el escritor nunca publicó en vida, por un cúmulo de casualidades que empiezan por Apollinaire, de él me llevan a Blaise Cendrars, y finalmente a Paul Morand. Y sobre todo al hecho incuestionable de que me haya fijado precisamente en este poema porque mi hermana María lleva años viviendo en la preciosa ciudad de Galway, que tuve la oportunidad de visitar, junto con sus alrededores, en un viaje de verano maravilloso. De ahí el amor de mi familia por Irlanda.
A la poesía ha de llegarse por vericuetos muy personales. Importan los poemas que nos importan, no los que importan a los académicos. Pero, además Morand es el tipo de escritor fragmentario, reportero, viajero, esperanzado, libre, moderno, que me gusta. Directo a la realidad. Agudo hasta la nausea, descriptor meticuloso y surrealista, autor comprometido. Más actual que toda la poesía de elegancias intelectuales o de etéreas evanescencias abstractas, que se escribe, y todavía peor, publica hoy en día.
Frente a los acantilados de Moher, o ascendiendo en bicicleta hasta la zona más alta de Inishmore, la mayor de las islas Aran, y llegando finalmente hasta el fuerte de Dún Aengus, donde el mundo parece que se acabe en un abrupto tajo de cien metros, y no haya más habitantes en la tierra que un puñado restos prehistóricos.
Os dejo con el poema:
Paul Morand
GALWAY
Irlanda hace muecas de granito,
se enfrenta con la empalizada de todos sus basaltos,
al espacio atlántico.
Permanece ante el cielo nulo
como la idea ante la página en blanco.
Dando la cara a un viento que no viene de ninguna parte,
afrontando un vacío más nacarado que el de las caracolas,
si la isla permite al sol terminar a solas su curso,
es porque ya no hay esperanza al otro lado del mar occidental.
Fuera de Europa no hay más que espejismos, vapores,
muerte, nubes, humores.
Fuera de Europa, nada se decide, nada se condensa.
Sumisa en la interrogación del agua,
la Irlanda de los ojos de ostra llora
todas las lágrimas de su cuerpo de ahogada;
exportadora de lamentaciones,
llora su vida de náyade proscrita y de gran derrotada profesional.
Ella no es sino un agujero en una túnica de ángel,
Un desgarrón en un vestido de hada mendicante.
En vano dispara a la neblina del oeste guiños de faros,
Acantilados de Moher
ondas en círculo,
gotitas de aviones, comas de gaviotas,
gritos miserables,
preguntas húmedas o mensajes mojados.
Y nada responde sino el agua que salpica y que lustra.
Irlanda como su pan color de turba
su centeno color piel de cura,
su pan de poesía, de tumba.
Recula ante un infierno frío,
de verdes condenados, como el buceador, recubierto de burbujas,
un infierno de llamas verdes.
Irlanda lava el umbral desgastado de Europa
hablando a solas, como las locas.
Paul Morand. Editorial Renacimiento.
Traducción de Marie-Christine del Castillo.
El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
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