Archivo de la categoría ‘poemas’

cuerpo en la bañera

se bañaba de niño a solas

enjabonándose con la aplicación de los gigantes

cuando tratan de enhebrar agujas

.

su cuerpo eran astillas de palo

y su pelo jamás se desenredaba del silencio

acosado por enjambres de abejas invisibles

.

sus ojos no se quebraban, se doblaban

todo lo que mirara no se la devolvía

no sufría ya, no

.

siempre conmigo a solas

en la bañera de mis sueños

su cuerpo muerto

Ensayo del fin del mundo (poemas), Manolo Yagüe

CUANDO LLEGUE EL FIN

Cuando llegue el fin, 
todos los árboles se inclinarán del mismo lado,
los hombres mirarán el interior de los ojos de sus mujeres,
los animales huirán a rincones insospechados,
las sardinas saltarán del plato de porcelana,
los cristales se resquebrajarán en silencio,
los niños jugarán con rabia y explotarán de emoción,
Cuando llegue el fin.

Ensayo del fin del mundo (poemas), Manolo Yagüe

PESSOA Y EL DESASOSIEGO DE LA ESCRITURA

En el escritor viven deseos contradictorios. La finitud, la infinitud. Lo racional, lo irracional. El todo, la nada. La obra cerrada y la que no se cierra nunca.

Pessoa representa no solo el desasosiego vital, sino también, por qué no, el desasosiego del artista ante una obra multiforme. En esa cualidad precisamente reside uno de los rasgos de la modernidad de Pessoa.

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Pessoa se queja de solo escribir nada menos que “fragmentos, fragmentos, fragmentos”; o también en versos del poeta Caeiro: “como si escribir fuese una cosa que me ocurriese/ como darme el sol de fuera”. Pero, ¿qué valor puede alcanzar una obra compuesta de fragmentos?

Aquí reside la lucha del escritor, su desasosiego artístico, que sabe que se enfrenta a la tarea infinita de la comunicación total: llegar a ser a un tiempo todos los escritores posibles. ¿Es necesario que el escritor elija a uno solo, de entre todos los posibles? Pues, ¿no es acaso el escritor todos los hombres posibles? Luego, ¿por qué no ser también todos los escritores posibles?
Aunque toda obra grande parece hacernos pensar en la infinitud, en el ilimitado alcance vital de esos monstruos de la escritura, el escritor, humano como es, vive inscrito en su espacio y su tiempo, en su finitud. La infinitud proviene de la sensación que produce la gran obra, la sensación de representar el mundo, y no desde luego de la real finitud del artista, que es, por desgracia, tan limitado en su humanidad como los demás hombres cogidos uno a uno al azar. Shakespeare, por ejemplo, parece inexistente en su vida personal, dejando apenas unos pocos documentos insignificantes de su paso por el mundo, y sin embargo construye en sus piezas teatrales un mundo total.

El drama de Pessoa se percibe en sus últimos intentos, desesperados y abúlicos, por poner en orden sus escritos. La obra que naufraga en el hombre, y el hombre que naufraga en la obra. La obra que espera, revuelta en un cofre, a que los estudiosos del autor ordenen y saqueen. ¡Qué le va a importar ya al escritor!

Un hombre que deja cientos de proyectos inconclusos. Que escribe cuando el alcohol, la depresión y la tristeza le dejan un segundo de descanso. Es un ejemplo de literatura moderna y trascendente. Un ejemplo de lo que puede llegar a ser, a pesar quizá del ser mismo.

 

Manolo Yagüe

UN CONSEJO DE ESCRITURA Y UN POEMA DE ROGER WOLFE

 

Sólo serás escritor cuando seas capaz de reducirte diariamente a puré y reconstituirte luego, para volver a comenzar la labor de perpetua autodemolición y reconstrucción propia al día siguiente, y seguir con ella sin misericordia hasta el final de tu vida, sin esperar a cambio absolutamente nada, ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni en posteridad alguna.

Roger Wolfe  http://www.rogerwolfe.es/

 

EL TRABAJO SUCIO

Yo haré

el trabajo

sucio.

Karmelo C. Iribarren

He vuelto a la poesía.

a la que siempre

me ha gustado:

la poesía elegíaca, narrativa,

de reflexión profunda y medidas dosis de ensimismamiento.

Leo a Parcerisas, a Joan Margarit.

Releo a Juan Luis Panero,

a Cesare Pavese y a Cernuda.

Descubro los poemas amorosos

de Abelardo Linares. Me deslumbro.

Son una maravilla.

Buena parte de mi propia

poesía no es así, lo sé.

Pero uno no siempre escribe

lo que le gusta leer.

Uno no escribe necesariamente

lo que quiere, sino lo que debe escribir.

Uno mira alrededor y se da cuenta

de que hay montañas de ropa sin lavar.

El trabajo sucio.

Alguien -como dice

mi amigo Iribarren- lo tiene que hacer.

                                        Roger Wolfe

LA EXCRECENCIA: UN MICROCUENTO POÉTICO

Este cuento es un microcuento. También es un poema. También es un aviso, pues siempre hay algo que late escondido en alguna parte de nuestro cuerpo, algo maligno y enfermizo, que a veces despierta, y nos debora las entrañas con placer.

excrecencia en el tronco de un abedul

LA EXCRECENCIA

Qué es esta excrecencia que me ha salido en la espalda. No es un recuerdo ni una enfermedad. Qué es esta excrecencia, que me molesta al dormir y que quisiera se diluyese como el café soluble en la leche. Estoy persuadido de que no es mía. Tiene que haber sido mandada por alguien que me quiere. Alguien que quiere que sufra y que marque el número de la policía. Suben y bajan por la escalera. Evitan el ascensor. Se ha estropeado y un perro ha muerto al tercer día. Vienen a repararlo dos tipos disfrazados de vacas. Apesta. Cuando se hace de noche una vieja canta en el balcón. También cae rendida y la llevan en una caja acolchada. En el cajón hay unas tijeras. No me atrevo a utilizarlas. ¿Para qué sirven unas tijeras? Cuando tenía quince años me tiré por una ventana. No había suficiente altura. Estaba predestinada mi existencia. La protuberancia crece con alegría.  Tiene pelitos como de barba. Pica. Late. Ronronea. Es un bulbo gracioso. Mi amante la acaricia, y se olvida de mí. Hablan entre sí, y me dejan de lado. Corro al baño a explorarme el sexo. Las enfermedades venéreas no avisan. Vienen de un lugar enterrado con deseos de venganza. He enviado una postal a Berlín. No conozco a nadie en Berlín. Cuando vuelvo de mi periplo por el baño están jugando a las cartas y mi amante ríe con locura. Es feliz. Se quitará la vida a los veinte años. Hay un plan que incluye un atentado terrorista. Si no te implicas te rechazan. La excrecencia dice que hará todo lo necesario. Saca una pistola y la restriega por sus pechos. Es una declaración de intenciones y yo no soy capaz de ponerme a la altura. Digo que voy a degollar a un bebé. Digo que voy a quemar un bosque. Digo que voy a estafar a un jubilado. Ellos se ríen de mi esfuerzo. Han leído la postal, no sé cómo se han hecho con ella, y me la enseñan para ridiculizar mi estilo.  Pedía por favor que me mandaran una fotografía del muro. Han cerrado todas las ventanas y continúan la fiesta casi a oscuras. Tanteo las paredes, el escritorio, la cama. ¿Dónde se han metido? Enciendo la luz, pero no están. Vuelvo a apagar la luz. Se ríen como conejos. ¿Se habrán disfrazado de militares? Imagino cómo serán en este momento. Mi amante es una mujer muy delgada con pinta de drogadicta. Le sientan bien las ropas holgadas. La excrecencia parece un dictador rumano. Se ponen a follar a sabiendas de que me matan de celos. Corro hacia el cajón. Busco las tijeras. En una habitación de hotel no deberían guardar unas tijeras. Blandiendo mi arma, comido por la cólera, lanzo puñaladas al espacio donde creo que ellos están.  Se defienden, entre risas, les da placer la violencia. Siento como me atraviesan agujas de coser. De repente se callan, y unos pasos huyen hacia la puerta. Me tapo los ojos y los dejo marchar. Enciendo la luz, ya muerto de fatiga, y compruebo todas mis costuras. Estoy ensangrentado y tranquilo. Por fin se han ido y he comprendido el significado de las tijeras.

Manolo Yagüe.

El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
Autodestrocción (plaquette, poesía)

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