PESSOA Y EL DESASOSIEGO DE LA ESCRITURA

En el escritor viven deseos contradictorios. La finitud, la infinitud. Lo racional, lo irracional. El todo, la nada. La obra cerrada y la que no se cierra nunca.

Pessoa representa no solo el desasosiego vital, sino también, por qué no, el desasosiego del artista ante una obra multiforme. En esa cualidad precisamente reside uno de los rasgos de la modernidad de Pessoa.

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Pessoa se queja de solo escribir nada menos que “fragmentos, fragmentos, fragmentos”; o también en versos del poeta Caeiro: “como si escribir fuese una cosa que me ocurriese/ como darme el sol de fuera”. Pero, ¿qué valor puede alcanzar una obra compuesta de fragmentos?

Aquí reside la lucha del escritor, su desasosiego artístico, que sabe que se enfrenta a la tarea infinita de la comunicación total: llegar a ser a un tiempo todos los escritores posibles. ¿Es necesario que el escritor elija a uno solo, de entre todos los posibles? Pues, ¿no es acaso el escritor todos los hombres posibles? Luego, ¿por qué no ser también todos los escritores posibles?
Aunque toda obra grande parece hacernos pensar en la infinitud, en el ilimitado alcance vital de esos monstruos de la escritura, el escritor, humano como es, vive inscrito en su espacio y su tiempo, en su finitud. La infinitud proviene de la sensación que produce la gran obra, la sensación de representar el mundo, y no desde luego de la real finitud del artista, que es, por desgracia, tan limitado en su humanidad como los demás hombres cogidos uno a uno al azar. Shakespeare, por ejemplo, parece inexistente en su vida personal, dejando apenas unos pocos documentos insignificantes de su paso por el mundo, y sin embargo construye en sus piezas teatrales un mundo total.

El drama de Pessoa se percibe en sus últimos intentos, desesperados y abúlicos, por poner en orden sus escritos. La obra que naufraga en el hombre, y el hombre que naufraga en la obra. La obra que espera, revuelta en un cofre, a que los estudiosos del autor ordenen y saqueen. ¡Qué le va a importar ya al escritor!

Un hombre que deja cientos de proyectos inconclusos. Que escribe cuando el alcohol, la depresión y la tristeza le dejan un segundo de descanso. Es un ejemplo de literatura moderna y trascendente. Un ejemplo de lo que puede llegar a ser, a pesar quizá del ser mismo.

 

Manolo Yagüe

UN CONSEJO DE ESCRITURA Y UN POEMA DE ROGER WOLFE

 

Sólo serás escritor cuando seas capaz de reducirte diariamente a puré y reconstituirte luego, para volver a comenzar la labor de perpetua autodemolición y reconstrucción propia al día siguiente, y seguir con ella sin misericordia hasta el final de tu vida, sin esperar a cambio absolutamente nada, ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni en posteridad alguna.

Roger Wolfe  http://www.rogerwolfe.es/

 

EL TRABAJO SUCIO

Yo haré

el trabajo

sucio.

Karmelo C. Iribarren

He vuelto a la poesía.

a la que siempre

me ha gustado:

la poesía elegíaca, narrativa,

de reflexión profunda y medidas dosis de ensimismamiento.

Leo a Parcerisas, a Joan Margarit.

Releo a Juan Luis Panero,

a Cesare Pavese y a Cernuda.

Descubro los poemas amorosos

de Abelardo Linares. Me deslumbro.

Son una maravilla.

Buena parte de mi propia

poesía no es así, lo sé.

Pero uno no siempre escribe

lo que le gusta leer.

Uno no escribe necesariamente

lo que quiere, sino lo que debe escribir.

Uno mira alrededor y se da cuenta

de que hay montañas de ropa sin lavar.

El trabajo sucio.

Alguien -como dice

mi amigo Iribarren- lo tiene que hacer.

                                        Roger Wolfe

LA EXCRECENCIA: UN MICROCUENTO POÉTICO

Este cuento es un microcuento. También es un poema. También es un aviso, pues siempre hay algo que late escondido en alguna parte de nuestro cuerpo, algo maligno y enfermizo, que a veces despierta, y nos debora las entrañas con placer.

excrecencia en el tronco de un abedul

LA EXCRECENCIA

Qué es esta excrecencia que me ha salido en la espalda. No es un recuerdo ni una enfermedad. Qué es esta excrecencia, que me molesta al dormir y que quisiera se diluyese como el café soluble en la leche. Estoy persuadido de que no es mía. Tiene que haber sido mandada por alguien que me quiere. Alguien que quiere que sufra y que marque el número de la policía. Suben y bajan por la escalera. Evitan el ascensor. Se ha estropeado y un perro ha muerto al tercer día. Vienen a repararlo dos tipos disfrazados de vacas. Apesta. Cuando se hace de noche una vieja canta en el balcón. También cae rendida y la llevan en una caja acolchada. En el cajón hay unas tijeras. No me atrevo a utilizarlas. ¿Para qué sirven unas tijeras? Cuando tenía quince años me tiré por una ventana. No había suficiente altura. Estaba predestinada mi existencia. La protuberancia crece con alegría.  Tiene pelitos como de barba. Pica. Late. Ronronea. Es un bulbo gracioso. Mi amante la acaricia, y se olvida de mí. Hablan entre sí, y me dejan de lado. Corro al baño a explorarme el sexo. Las enfermedades venéreas no avisan. Vienen de un lugar enterrado con deseos de venganza. He enviado una postal a Berlín. No conozco a nadie en Berlín. Cuando vuelvo de mi periplo por el baño están jugando a las cartas y mi amante ríe con locura. Es feliz. Se quitará la vida a los veinte años. Hay un plan que incluye un atentado terrorista. Si no te implicas te rechazan. La excrecencia dice que hará todo lo necesario. Saca una pistola y la restriega por sus pechos. Es una declaración de intenciones y yo no soy capaz de ponerme a la altura. Digo que voy a degollar a un bebé. Digo que voy a quemar un bosque. Digo que voy a estafar a un jubilado. Ellos se ríen de mi esfuerzo. Han leído la postal, no sé cómo se han hecho con ella, y me la enseñan para ridiculizar mi estilo.  Pedía por favor que me mandaran una fotografía del muro. Han cerrado todas las ventanas y continúan la fiesta casi a oscuras. Tanteo las paredes, el escritorio, la cama. ¿Dónde se han metido? Enciendo la luz, pero no están. Vuelvo a apagar la luz. Se ríen como conejos. ¿Se habrán disfrazado de militares? Imagino cómo serán en este momento. Mi amante es una mujer muy delgada con pinta de drogadicta. Le sientan bien las ropas holgadas. La excrecencia parece un dictador rumano. Se ponen a follar a sabiendas de que me matan de celos. Corro hacia el cajón. Busco las tijeras. En una habitación de hotel no deberían guardar unas tijeras. Blandiendo mi arma, comido por la cólera, lanzo puñaladas al espacio donde creo que ellos están.  Se defienden, entre risas, les da placer la violencia. Siento como me atraviesan agujas de coser. De repente se callan, y unos pasos huyen hacia la puerta. Me tapo los ojos y los dejo marchar. Enciendo la luz, ya muerto de fatiga, y compruebo todas mis costuras. Estoy ensangrentado y tranquilo. Por fin se han ido y he comprendido el significado de las tijeras.

Manolo Yagüe.

Y LA MUERTE NO REINARÁ: UN POEMA DE DYLAN THOMAS

And Death Shall Have No Dominion
by: Dylan Thomas

 

And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean

and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea

they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily

Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan’t crack;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer

through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.

 

 

 Y la muerte no reinará.
Los hombres desnudos han de ser uno solo
con el hombre en el viento y la luna
poniente;
cuando sus huesos queden limpios
                  y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo
                   surgirán,
aunque se pierdan los amantes,
no se perderá el amor;
y la muerte no reinará..
Y la muerte no reinará…
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han
                de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando
                          los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no reinará..
Y la muerte no reinará..
Ya las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos
                                y totalmente muertos
su cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no reinará.

 Dylan Thomas.

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO: ARTHUR RIMBAUD

De sobras conocido de todos, menos por su poesía que por su biografía, a temprana edad Arthur Rimbaud bebió de la vida todo lo que había que beber y, hastiado, dejó la literatura y se embarcó en una serie de aventuras comerciales por Yemen y Etiopía, muriendo a la temprana edad de 37 años

Una temporada en el infierno, compone junto a Iluminaciones y Poesías, los textos fundamentales de su obra, donde expone su teoría de la poesía: el poeta debe hacerse «vidente», y la única forma de lograrlo es por un «largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos».

El texto está dedicado a todos aquellos que hayan pasado Una temporada en el infierno, el infierno personal de cada uno y, en determinado momento, cuando los pies tocan fondo y la soledad se siente como un perro que nos devora, han tenido que decidir entre la debilidad o la fortaleza.

A fin de cuentas, ¿quién puede matar a un cadáver?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Por los caminos, en las noches de invierno, sin refugio, sin ropa, sin pan, una voz atenazaba mi corazón helado: “Debilidad o fortaleza: estando aquí, demuestras fortaleza. No sabes adónde vas ni por qué vas, así que entra en todas partes, responde a todo: nadie puede matar a un cadáver.” A la mañana siguiente tenía la mirada tan perdida y un aire tal de difunto que aquellos con quienes me tropecé quizás no me vieron.

 

“Sur les routes, par des nuits d´hiver, sans gîte, sans habits, sans pain, une voix étreignait mon coeur gelé: “Faiblesse ou foce: te violà, c´est la force. Tu ne sais ni où tu vas ni pourquoi tu vas, entre partout, réponds à tout. On ne te tuera pas plus que si tu étais cadavre.” Au matin j´avais le regard si perdu et la contenance si morte, que ceux que j´ai rencontrés ne m´ont peut-être pas vu.”

 

Arthur Rimbaud, una temporada en el infierno. Poesía Hiperión.

Nueva traducción y notas de Juan Abeleira.