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HISTORIA BREVE DEL FUTURO RECIENTE: DIARIOS

 

 

Marga escribía su diario sin cesar. Esa tarea le restaba tiempo a otras ocupaciones. Pues la escritura del diario a Marga le suponía un esfuerzo supino, comparable al que ha de realizar un alpinista que pretenda subir el Mont Blanc a la pata coja.  Y ello es así por cuanto la desdichada escribidora tenía la lustrosa manía de hacer constar en su diario cada mínimo detalle de su existencia, por superfluo que el pormenor en cuestión nos pueda a nosotros parecer. Como consecuencia, apenas tenía tiempo de escribir lo que había hecho los cinco primeros minutos del día, justo el tiempo que utilizaba en despertar, desperezarse, bajar de la cama, ponerse las zapatillas, atusarse el pelo, frotarse los ojos, caminar medio cegata y medio inconsciente al baño, orinar, lavarse la cara con agua siempre fría, confirmar la presencia de la verruga que le crecía con pelillos rubios en la mejilla derecha, darse ánimos a sí misma en susurros, y en pijama, sin tan siquiera permitirse el tiempo de cubrir su oronda figura con un vestido o un sencillo chándal de algodón, se tenía que sentar frente al cuaderno, pues ya habían sucedido demasiadas cosas que Marga se disponía a consignar con paciencia de entomólogo.

Y no hay más. Después de aproximadamente una veintena de hojas de diario garabateadas con las enrevesadas explicaciones de los cinco primeros minutos de cada día, Marga concluía el capítulo de la jornada con un escueto, «y como son más de las doce de la noche y estoy muerta, me marcho a dormir».

No es necesario señalar que tal diario es un prototipo supremo de la estupidez de los homínidos de aquel tiempo, y que ha adquirido relevancia por la maravillosa y casual circunstancia de tratarse del único ejemplar de diario que ha llegado hasta nosotros. La última fecha de diario (25 de julio de 2012), unos meses antes del cataclismo, puede significar que la escritora del diario falleció de muerte repentina o que abandonó el proyecto por la imposibilidad manifiesta de llevarlo a término.

De cualquier forma, supone un testimonio fidedigno de la aburrida existencia de los hombres y mujeres del pasado.

 

Historia breve del futuro reciente, Manolo Yagüe.

 

 

Historia breve del futuro reciente, Manolo Yagüe.

HISTORIA BREVE DEL FUTURO RECIENTE: DE PUERTAS Y VENTANAS

Una mañana al bueno de Algimiro Bermúdez le dio por salir de su salón por la ventana. Ese sencillo acto de desobediencia cívica fue seguido por algunos de los vecinos de su calle, de su barrio, y al final se impuso como moda en todo el pueblo. Al tratarse de un pueblo pequeño, las casas eran de una sola altura, y el asunto no presentó mayores dificultades. Sin embargo, la horrible situación financiera y la extensión de esporádicas plagas de locura, hizo que tal insana costumbre se extendiera a las grandes ciudades. Hubo una oleada de aparentes suicidios, fruto del intento de algunos avezados imitadores que cayeron al vacío tratando de emular la hazaña de Algimiro.

La industria de la construcción aprovechó la moda para elevar complejas escaleras de hierro en el exterior de las fachadas. Los vecinos pudieron salir de sus casas por las ventanas y los balcones sin peligro de muerte. La industria de la forja vivió un efímero boom. Pero una vez quedaron todos los edificios servidos de escaleras, regresó a su insulso trabajo de moldear enrejados y cancelas.

No merece la pena explicar todos los cambios sociales y morales derivados de este hecho.

No obstante, y a pesar de las absurdas teorías que han intentado dilucidar la conducta de Algimiro, lo que nosotros sabemos con certeza es:

Que Algimiro sufría una enfermedad hereditaria cuyo síntoma principal se expresaba en un miedo atroz a los sobres. Los odiaba hasta tal punto que se le saltaban los ojos y la baba le desbordaba por el mentón al toparse con un sobre, y mas si este llevaba en su cuerpo pegado un sello.

Que Algimiro no recibía correo de ningún tipo. Ni cartas de banco, ni felicitaciones navideñas, ni telegramas. Todo ello le derrumbaba en la cama durante semanas, meses o años.

Que Algimiro vivía a dos pasos de una solterona, Aguedita Cristal, y que a ella se le iban las pestañas detrás de los anderes de Algimiro.

Que aquella histórica mañana, cuando Algimiro Bermudez se disponía a cruzar el umbral de su vivienda se topó con un inocente sobre rosa que la desaprensiva Aguedita  había tenido la maldad de colar por la rendija de su puerta.

Que Algimiro, muerto de miedo, imaginando toda suerte de desgracias invisibles, incapaz de enfrentarse al destino escondido en la oscuridad del sobre,  decidió salir por la ventana, y entrar por la ventana, así cada día y hasta su muerte, con los extraños resultados que todos conocemos.

 

Historia breve del futuro reciente, Manolo Yagüe.

HISTORIA BREVE DEL FUTURO RECIENTE: DE PERROS Y HOMBRES

Perro paseando a un cachorro.

 

 

El perro sacaba todas las noches a pasear a su mascota. A esta le gustaba olisquear los traseros de las señoras y las cacas de otros hombres.

A veces dos perros se cruzaban con sus respectivas mascotas en una acera, y los hombres se enzarzaban en una pelea de insultos y puñetazos. Los perros tironeaban de las correas de sus animales y emitían complejos ladridos de disculpa, ante la inquisitoria mirada de otros viandantes.

Si un policía veía que un hombre había defecado en una esquina y su perro no recogía el excremento con una bolsa de plástico, el agente se enfadaba mucho —los policías son sabuesos y se gastan malas pulgas—, por lo que extendía una cuantiosa multa al infractor.

Los hombres y mujeres, por lo demás, eran cuidadosamente censados por las autoridades estatales: desde bebés se les introducía un microchip con una jeringuilla en el cuello, a nivel subcutáneo. Si un hombre se escapaba o era abandonado, un médico pasaba un lector de infrarrojos por el cogote del vagabundo y en la pantalla del ordenador aparecían todos sus datos. Se castigaba con severidad el abandono de un hombre. Llegó a considerarse una práctica cruel. Todos ellos eran recogidos  en furgonetas y llevados a centros penitenciarios.

Ocurría sobre todo en verano, o cuando eran cachorros, viejos o caían enfermos.  Si pasado un mes el perro no reclamaba su mascota, el ejemplar era sacrificado. Si los perros no hubieran utilizado ese inhumano sistema de control poblacional, el número de vagabundos habría resultado excesivo.

Como consecuencia de la crisis económica del año 2012 la cifra de humanos dejados en los arcenes de las carreteras aumentó hasta niveles alarmantes, las instituciones penitenciarias no daban abasto para atender tanto hombre suelto, y los sacrificios se comenzaron a realizar con métodos de exterminio masivo: paredones de fusilamiento y cámaras de gas mostaza. Por ello, las asociaciones de protección del ser humano lanzaron una campaña publicitaria con el objeto de concienciar a los perros: «No lo abandones, él nunca lo haría». El éxito de la campaña se puede juzgar a partir de la población actual de humanos [año 2050]: a pesar de la fidelidad  hacia su perro —se dice que el hombre es el mejor amigo del perro—,  la especie humana se encuentra en peligro de extinción.

 

Historia breve del futuro reciente, capítulo 1: De perros y hombres. Manolo Yagüe.

JULIO CORTÁZAR: HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS

INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA A UN RELOJ

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidadava corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

 

“Historias de cronopios y de famas”, Julio Cortázar.

 

 

Cortázar es un autor de sobra conocido. Rayuela. Pero hay muchos cuentos, cuentos enormes, en los que una mano cobra vida y un atasco dura meses en las cercanías de París, con un amor frustrado como en los buenos amores. Sin embargo, hay una obra que resplandece única con la singularidad que le concede la poesía, el humor, el surrealismo y el profundo saber del comportamiento del hombre: “Historias de cronopios y de famas”.

En la contraportada de la edición de Alfaguara se dice: “Esta colección de cuentos y viñetas entrañables es una introducción privilegiada al mundo inagotable de uno de los más grandes escritores de este siglo…” No puedo estar menos de acuerdo con algunas de las afirmaciones de esta frase. ¿Introducción privilegiada? ¿Es una obra cumbre una introducción? ¿Acaso no suena a menosprecio solapado? ¿Acaso no se sugiere que dicha obra está destinada al consumo de lectores poco avezados? ¿Viñetas entrañables? Navideño y vulgar. No suena muy esperanzador.

Por lo demás Alfaguara hace su trabajo a las mil maravillas. Da gusto leer el libro en letras grandes y en formato casi de niños.

Y por último, otra discrepancia de menor envergadura para otros, pero para mi no: entrecomillado en el texto final de la misma contraportada:

“Cortázar nos ha dejado una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.” Gabriel García Márquez.

En mi modesta opinión -quién se atreve a contradecir a un premio Nobel del que uno además ha aprendido tanto-, sobra la apreciación de inconclusa, aunque la matice un mezquino tal vez, para una obra que no puede ser cerrada por su misma enormidad. Que sea breve y fragmentaria, no hace de menos la obra, es más, constituye su esencia. La sugerencia, el enigma, la fantasía, no necesitan de obras cerradas o compactas, de obras que parezcan estudios exhaustivos al estilo de Proust o de Thomas Mann. Bien lo supo otro ilustre de las letras hispanas, el ciego Borges, que constituyo un mundo con fragmentos que respiran como los restos de huesos en las manos de un arqueólogo. ¿Y qué le hacía falta una novela? ¿Y qué le iba a hacer falta a Cortázar concluir el mundo, donde ya había concluido la sugerencia del mundo?

Por aquí, hablo de España, andan los cenotafios de los escritores consagrados a la gresca con la escritura de raza, con el riesgo, con la locura más loca y capaz. Por supuesto el monumento funerario ya se ha erigido, tan solo espera que el escritor consagrado por la academia venga a ocuparlo. Mientras tanto, hay quienes caban su tumba con sus propias manos. El escritor de verdad sabe que es eso precisamente lo que tiene que hacer.

Por eso se consagran las obras cerradas, de mas o menos tantas páginas, de tema tradicional, a la antigua usanza. Nada de fragmentos de batallas, nada de piezas de reloj que son tan complejas que uno no sabe hasta que desfallece como poderlas casar, amontonandolas en un cajón de madera con otros restos de naufragios, papeletas de lotería sin premio, cuchillos de asesino usados, cartas de amor a presos, a adolescentes, a monjas, a putas… Todo cuanto se salga del pequeño tiesto, se sale del mercadeo de la literatura. Y así andamos de emponzoñados.

Por eso es que una obra como la de Cortázar, “Historias de cronopios y de famas”, con su alegría salvaje, parece de ayer. De hoy. De mañana incluso.

 

Manolo Yagüe.

 

DETRÁS DE LOS VISILLOS

 

 

          Tú eras todo lo contrario. Todo lo contrario a una mujer que uno admire en silencio. Todo lo contrario a la ropa caída con gracia, a la voz arrulladora, a los ojos cautivos de la belleza. Tú eras la mujer de las aristas, de los dientes afilados como un Drácula, de las manos frías y de las rodillas dolorosas. Tú eras la mujer que vivió la época de los granos y que sucumbió a la edad de las arrugas. Tú eras la mujer silencio incómodo, la mujer tarea doméstica, la mujer olor a repollo.

Yo me casé contigo por pena, por catolicismo mal entendido, por presiones del mal gusto, por la inercia y lo consabido. También por miedo y soledad.

Me venía grande el trabajo y la vida y los trajes de domingo y ayudar a los pobres.

Por eso que te has muerto y parece que me muriera yo. Me veo en tu caja, rodeado de tu gente y me lloro, pero no a ti. Y digo: “¡qué pena!”, pero la que me doy yo. Me siento como café con leche frío abandonado en la encimera de la cocina.

Ayer decidí tirarte poco a poco. Un día te tiraré junto a las fotografías de la boda, otro día te tiraré con la caja para colgar llaves. Y así te iré tirando cuando tire las estampas de la Virgen, cuando tire los tapetes que con tanto silencio tejías las noches de domingo, mientras yo veía con un ojo dormido y otro despierto los resúmenes del fútbol, y rompía la quiniela fallida.

Otro día tiraré la puerta del baño para que ya nunca más me la cierres cuando aún no ha amanecido y he de ir a trabajar. Otro día llamaré a alguien para que se lleve los armarios de feos espejos y las lámparas de dorados tiñosos. Otro día arrancaré la piel de las paredes, ese papel lleno de bultitos formados por bolsitas de aire, que cuando no me veías iba picando. Otro día romperé los cristales de las ventanas, esas ventanas con visillos desde las que te asomabas con tus vestidos de viuda de película. Otro día tiraré los zapatos y los abrigos y la ropa interior con olor a naftalina, tu ropa interior llena de costuras. Y tiraré la cama chirriante, grande, ocupando todo el dormitorio, y el colchón de muelles con su hondonada, a la que se caían nuestros cuerpos con recelo. Y tiraré la vajilla y tiraré las paredes y tiraré la casa.

Y así espero haberte tirado un día, y haberme olvidado de ti, y haberme olvidado de mí, muertos ese día para siempre.

 

Manolo Yagüe

El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
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