Archivo de la categoría ‘cuentos’

EL CALLEJÓN DEL CUENTO

Saludamos con fuerza y cariño a  “Pasión por leer”, de la mano de Jonathan Muñoz. Esperamos que sigan creciendo con la alegría que ellos lo hacen y que su éxito sea un ejemplo de lo que sucede cuando se hacen las cosas bien. Aquí tenéis un enlace al nº 1 de su revista, en la que colaboró modestamente un servidor.

EL CAMINO DE CHOCOLATE

Dentro de la primera sesión del Taller Literario Infantil, el primero de los cuales ya está en marcha en el Colegio Público Ana de Austria, de Cigales (Valladolid), los niños leen el delicioso cuento -mucho más por el sabor-  “El camino de chocolate” de Gianni Rodari.

Conocidísimo por su “Gramática de la fantasía”, en este cuento pone en práctica uno de sus juegos para crear historias, el binómio fantástico. Pero además utiliza dos de los recursos básicos de la narratividad infantil, por no decir de todo tipo de narración, el deseo y el miedo.

Os traigo también la portada del libro en el que se incluye dicho relato: “Cuentos por teléfono”, editado con muy buen gusto por la Editorial Juventud, regalo ideal para un niño, aunque  a los padres les gustará también. Estos últimos aprenderan sin duda.

 

 

EL CAMINO DE CHOCOLATE

 

Una vez, tres hermanitos de Barletta se encontraron, yendo por el campo, con un camino muy liso y de color marrón.

—¿Qué será? —dijo el primero.

—Madera no es —dijo el segundo.

—Ni carbón —dijo el tercero.

Con el fin de saberlo, los tres se arrodillaron y dieron una chupadita.

Era chocolate; era un camino de chocolate. Empezaron a comer un pedacito y luego otro; llegó la noche y los tres hermanitos todavía permanecían allí comiéndose el camino de chocolate, hasta que no quedó siquiera un pedacito. Ya no quedaba ni chocolate ni camino.

—¿Dónde estamos? —preguntó el primero.

—No estamos en Bari —dijo el segundo.

—Ni en Molfetta —añadió el tercero.

No sabían qué hacer. Por fortuna apareció por el lugar un campesino. Montado en su carrito.

—Yo os llevaré a casa —dijo el campesino.

Y los llevó hasta Barletta, hasta la puerta de casa. Al descender del carro advirtieron que este era de bizcocho. Y entonces, sin esperar a que se lo dijeran, empezaron a comérselo, y no dejaron las ruedas ni los barrotes.

En Barletta nunca había habido tres hermanitos con tanta suerte, y quién sabe cuándo los volverá a haber.

 

 

Cuentos por teléfono, Gianni Rodari


Manolo Yagüe.

 

UN HUESO DE CIRUELA (Historia verdadera)

 

La madre había comprado ciruelas, y queriendo distribuirlas entre los niños al final de la comida, púsolas en un plato.

Vania nunca había comido ciruelas, y aquella fruta le tentaba mucho; la había olfateado y deseaba probarla; así es que no cesaba de dar vueltas en torno al plato. Solo en el aposento, no pudo resistir la tentación; tomó una y se la comió.

La madre contó luego las ciruelas y vio que faltaba una.

Se lo dijo al padre.

Y en la mesa, el padre preguntó:

—decidme, hijos míos, ¿alguno de vosotros se ha comido la ciruela?

—No —respondieron todos.

Entonces agregó el padre:

—Si alguno de vosotros se la ha comido, no está bien, pero esa no es la desgracia verdadera; la desgracia es que las ciruelas tienen huesos, y que si se traga uno de esos huesos, se puede morir a las veinticuatro horas. Y he aquí lo que temo por vosotros.

Vania palideció y exclamó:

—No temáis, porque arrojé el hueso por la ventana.

Todo el mundo rió y Vania se echó a llorar.

 

Leon Tolstoi.

 

Recogido en la Antología de la literatura infantil Universal, Tomo II, de Carmen Bravo-Villasante.

JULIO CORTÁZAR: HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS

INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA A UN RELOJ

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidadava corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

 

“Historias de cronopios y de famas”, Julio Cortázar.

 

 

Cortázar es un autor de sobra conocido. Rayuela. Pero hay muchos cuentos, cuentos enormes, en los que una mano cobra vida y un atasco dura meses en las cercanías de París, con un amor frustrado como en los buenos amores. Sin embargo, hay una obra que resplandece única con la singularidad que le concede la poesía, el humor, el surrealismo y el profundo saber del comportamiento del hombre: “Historias de cronopios y de famas”.

En la contraportada de la edición de Alfaguara se dice: “Esta colección de cuentos y viñetas entrañables es una introducción privilegiada al mundo inagotable de uno de los más grandes escritores de este siglo…” No puedo estar menos de acuerdo con algunas de las afirmaciones de esta frase. ¿Introducción privilegiada? ¿Es una obra cumbre una introducción? ¿Acaso no suena a menosprecio solapado? ¿Acaso no se sugiere que dicha obra está destinada al consumo de lectores poco avezados? ¿Viñetas entrañables? Navideño y vulgar. No suena muy esperanzador.

Por lo demás Alfaguara hace su trabajo a las mil maravillas. Da gusto leer el libro en letras grandes y en formato casi de niños.

Y por último, otra discrepancia de menor envergadura para otros, pero para mi no: entrecomillado en el texto final de la misma contraportada:

“Cortázar nos ha dejado una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.” Gabriel García Márquez.

En mi modesta opinión -quién se atreve a contradecir a un premio Nobel del que uno además ha aprendido tanto-, sobra la apreciación de inconclusa, aunque la matice un mezquino tal vez, para una obra que no puede ser cerrada por su misma enormidad. Que sea breve y fragmentaria, no hace de menos la obra, es más, constituye su esencia. La sugerencia, el enigma, la fantasía, no necesitan de obras cerradas o compactas, de obras que parezcan estudios exhaustivos al estilo de Proust o de Thomas Mann. Bien lo supo otro ilustre de las letras hispanas, el ciego Borges, que constituyo un mundo con fragmentos que respiran como los restos de huesos en las manos de un arqueólogo. ¿Y qué le hacía falta una novela? ¿Y qué le iba a hacer falta a Cortázar concluir el mundo, donde ya había concluido la sugerencia del mundo?

Por aquí, hablo de España, andan los cenotafios de los escritores consagrados a la gresca con la escritura de raza, con el riesgo, con la locura más loca y capaz. Por supuesto el monumento funerario ya se ha erigido, tan solo espera que el escritor consagrado por la academia venga a ocuparlo. Mientras tanto, hay quienes caban su tumba con sus propias manos. El escritor de verdad sabe que es eso precisamente lo que tiene que hacer.

Por eso se consagran las obras cerradas, de mas o menos tantas páginas, de tema tradicional, a la antigua usanza. Nada de fragmentos de batallas, nada de piezas de reloj que son tan complejas que uno no sabe hasta que desfallece como poderlas casar, amontonandolas en un cajón de madera con otros restos de naufragios, papeletas de lotería sin premio, cuchillos de asesino usados, cartas de amor a presos, a adolescentes, a monjas, a putas… Todo cuanto se salga del pequeño tiesto, se sale del mercadeo de la literatura. Y así andamos de emponzoñados.

Por eso es que una obra como la de Cortázar, “Historias de cronopios y de famas”, con su alegría salvaje, parece de ayer. De hoy. De mañana incluso.

 

Manolo Yagüe.

 

APOLLINAIRE. UN CUENTO PARA LOS MÉDICOS CRISIS

A lo peor cualquier día les toca a los médicos españoles hacer esto que cuenta Apollinaire de un pequeño médico rural, para sobrevivir. Pensando el tiempo que los médicos han dedicado a su formación y que ahora algunos andan sin trabajo, parece “conveniente” incrementar el número de enfermos.

Esta entrada, como comprenderéis está dedicada a los médicos de España, con todo mi cariño. Y no porque piensen que hacen lo que el padre; muy al contrario, pienso que hacen como el hijo.

Guillaume Apollinaire

 

“Un anciano médico de provincias necesitaba tomarse unas vacaciones. Le confió la clientela a su hijo, recién salido de la universidad, y se fue al mar. A su regreso vio que el muchacho había hecho maravillas y hasta curado la gastritis crónica de una acaudalada anciana.

-Muy bien, hijo mío, estoy orgulloso de ti -dijo el padre-. Pero acaso habría debido antes explicarte que fue la gastritis de la señora X la que ha pagado tus estudios. ”

Apollinaire.

 (Aparecido en Los cuentos más breves del mundo, edición de Eduardo Berti. Editorial Páginas de espuma.)

 

Y por último recomendar un libro de poesía: Caligramas de Apollinaire. Es uno de mis libros de cabecera: no me traten de loco.

Manolo Yagüe.

El Pájaro Escritor
El pájaro escritor
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