DE LA IDEA AL TEXTO

 

Tal y como ilustra Marina en su libro «Teoría de la inteligencia creadora» (altamente recomendable para conocer el proceso que va de la idea de la obra de arte a su plasmación definitiva), en el ejemplo de la génesis de El otoño del patriarca, vemos como el escritor es seducido por emociones, intuiciones, y por supuesto renuncias. García Márquez describe la escena que le llevó a escribir la novela de un dictador latinoamericano:

«Periodistas y fotógrafos esperábamos en la antesala presidencial. Eran cerca de las cuatro de la madrugada cuando se abrió la puerta y vimos a un oficial, en traje de campaña, caminando de espaldas, con las botas embarradas y una metralleta en la mano. Pasó entre nosotros, los periodistas, caminando de espaldas, apuntando con su metralleta y manchando la alfombra con el barro de sus botas. Bajó la escalera, tomó el auto que lo llevó al aeropuerto y se fue al exilio. Fue en ese instante en que aquel militar salía del cuarto donde se discutía cómo iba a formarse definitivamente el nuevo gobierno, cuando tuve la intuición del poder, del misterio del poder».

A partir de aquí el escritor intuye lo que tiene que escribir, o lo que es lo mismo, entiende con claridad lo que no escribirá en absoluto. Aún sin conocer el argumento, sabía que no escribiría una apología del dictador, ni una novela rosa, o una comedia ligera. Y sabía también, aunque sea gracias a la intuición y al continuo trabajo de sus escritos anteriores, que impondría un estilo propio, una manera particular de ver la realidad en su novela.

 

Temario del Curso de Iniciación a la Escritura Creativa (Fragmento).

PONER TÍTULOS

Poner un buen título es un misterio. Un buen título vale en ocasiones tanto como escribir un buen cuento, o una buena novela.

Fitzgerald quería en un principio que su novela El gran Gatsby se titulase Trimalchio in West Egg, a lo que su editor se negó. Su editor le propuso el título actual, y el autor aceptó a regañadientes. Nunca sabremos qué hubiera sido de la novela con ese otro título. Sí sabemos qué ha sido de la novela gracias al título definitivo.

Aunque tampoco es para lanzar cohetes. Hasta su muerte, el autor logró unas ventas de la novela cercanas a los 24.000 ejemplares. Y la obra, publicada en el año 1925, pasó por un periodo de olvido. Hasta que fue reeditada en los años 50 y obtuvo el reconocimiento del gran público. Y de la crítica.

¿Qué papel juega el título en el éxito o fracaso de un libro? Yo diría que el título ayuda. Pero que un gran título por si solo no hace un libro. Es mucho más fácil escribir un buen título que escribir una excelente novela. Lo certifica un sencillo paseo por cualquier librería.

ANTON CHEJOV

Páginas de Espuma publica los cuentos completos de Anton Chejov. Al leer el artículo de EL PAÍS SEMANAL (2 de dicembre de 2013), hago una sencilla cuenta. El primer volumen tiene 240 piezas escritas entre 1880 y 1885. Descontando algunas semanas de vacaciones, pero pocas, sale a una media de unos cincuenta cuentos al año. Más o menos, uno por semana. Es un buen ritmo de escritura.

Y, por supuesto, se parece al ritmo de trabajo de un Taller Literario. No está mal.

Es muy importante llevar un buen ritmo de escritura. Sin prisa pero sin pausa, o como diría Carver, sin esperanza pero sin desesperación.

El escritor ha de imponerse rutinas, y ellas generan producción; y, por supuesto, la producción va generando rutinas, sobre todo la rutina de mejorar poco a poco.