XI CHUAN: POESÍA CHINA CONTEMPORÁNEA

Ayer se presentó por primera vez en España, en la pequeña Iglesia de San Nicolás y dentro del excelente “Hay Festival” de Segovia, el poeta chico Xi Chuan. Unos pocos hemos disfrutado de un poeta superior. Tristeza de la poesía; qué pena, me dije al terminar, que no sea escuchada por todos. Aprendida por todos, como solo se aprende de la experiencia de uno.

Lección de la verdad que no aparece en los programas educativos.

Su obra se transforma tras las protestas de  Tianamen, donde dos de sus amigos mueren y otro se suicida. Datos, datos sin más.

Dos años sin escribir.

Un renacer. Un cambio definitivo. Podía haber dejado de escribir. Fue un peligro que corrimos, y que nos asalta:

 

«…un escritor aficionado deja de escribir, y comienza a preparar el alimento para los gorriones del amanecer.»

 

Pero no abandona. Exactitud, belleza, literatura de compromiso con la realidad presente. Toma riesgos, el verso se mezcla con la prosa, con el diálogo teatral. No esconde los detalles de lo cotidiano (a propósito busca):

 

«El taxi cubierto de nieve parece un oso polar. Su motor está roto, la temperatura ha bajado hasta cero.»

 

Del enigma indescifrable de los chispazos del hoy surge la verdadera faz del hombre.

Una poesía enigmática y jamás oscura.

¿Qué nos quiere comunicar?

Lo que quiera comunicarnos llega de la nada, con una claridad exenta de explicaciones.

 

 

 

INVIERNO

Este es el momento en que el pelo se vuelve blanco, el momento en que la constelación de Orión pasa cerca nuestro, las almas se deshidratan y la nieve cae fuerte sobre la oficina a la entrada de la fábrica, una muchacha sentada recibe una invitación y atraviesa el suelo del salón de baile con sus luces fantasmagóricas, un escritor aficionado deja de escribir, y comienza a preparar el alimento para los gorriones del amanecer.

La nieve cae, la bosta de caballo se congela. El contador de pueblo bailando entra a la ciudad.
Un gato se detiene a medio camino, se debate utilizando dos voces.

Un cuadro no comprendido durante la infancia permanece incomprensible.

El taxi cubierto de nieve parece un oso polar. Su motor está roto, la temperatura ha bajado hasta cero. No soporto verlo rendirse, por eso escribo con un dedo en su ventanilla: “Te amo”. Cuando mi dedo se desliza por el vidrio este emite un ruidito “chchch” de felicidad, como una muchacha que, esperando un beso, despide un brillo.

Las enfermedades no se ponen de moda en el invierno, las enfermedades tiene su propio plan.

La canilla congelada ahorra cada gota de agua; el mar congelado nos ahorra nuestra muerte.

Cada vez que me despierto en medio de la noche, justo es el momento en que el fuego de la estufa acaba de apagarse. Bajando de la cama descalzo camino hacia la estufa, juego con las tenazas hasta que la llama (que se había ido sin despedirse) regresa al mundo con un chisporroteo, entibiando el aliento y la saliva de la noche. Para el hombre que ahora está soñando con una manada de lobos, mi fuego puede ser su salvación. Tengo ganas de decirle: que incluso en el corazón del invierno el fuego sigue quemando; que si la manada de lobos le teme al fuego, sin duda, es porque entre ellos hay alguien que en el pasado se quemó con fuego.

Héroe que irrumpes en mi cuarto rompiendo la puerta: puedes llevarte el dinero que guardo bajo mi cama, puedes llevarte el fuego de mi estufa, pero no puedes llevarte mis ojos ni mis pantuflas- no puedes simular que eres yo viviendo en este mundo.

Una dirección sin nombre y apellido me deja largo rato en silencio, una cara ha sido olvidada, y sin embargo: otra vida, otra manera de pasar el tiempo, ha creado la sangre y la carne de otra parte mía. Con la dirección en la mano camino por la calle llena de viento y nieve, ¿por qué persona seré rechazado o bienvenido?

Restos de flema: señal de vida.

El frío ha subestimado nuestra resistencia.

Xi Chuan

 

 

THE NEIGHBORS

 

My neighbors. I’ve never invited them over for dinner, never borrowed money from them. I promise myself that, if I have a daughter, I will never let her marry any of them, since they’re like family. . .

But I admit, I don’t care about their spiritual questions, or whether they have any spiritual questions.

My neighbors are eavesdroppers, snickerers, moral monitors. Monitoring the morality of my neighbors I’ve happened upon nobility, but they let me in on rumors to let me in on the zeitgeist.

The zeitgeist emboldened Old Zhang, who rented his apartment to three girls. The three girls wear heavy makeup, the three girls have stomach-aches, the three girls sleep during the day, wash their faces in the evening, and stand on the street at night. . .

Rats, surrounding my bed at midnight, call me in unison: “Hello, old neighbor!” I tell them all to get lost. Under my roof you play by my rules.

My roof leaks, so all my neighbors’ roofs must leak; power’s out at home, so the power must be out in my neighbors’ homes.

 

Xi Chuan