INSTITUTO GREGORIO FERNÁNDEZ: RELATOS DE ALUMNOS

Con motivo de la celebración del día del libro, he tenido la ocasión de realizar un encuentro con alumnos del Instituto Gregorio Fernández, de Valladolid. Además de dialogar sobre mi libro de cuentos “El pájaro escritor”, que habían leído en clase, realizamos una sesión de Taller Literario.

Me corresponde agradecer la excelente acogida del centro, de sus alumnos y de sus profesores, que realizaron un gran trabajo previo, de tal forma que los alumnos criticaron mis cuentos con acierto, y ello genero un interesante debate en torno al trabajo del escritor, la génesis de las historias, y el análisis de los personajes de la ficción.

La segunda parte de la sesión consistía en realizar una actividad de Taller que buscaba bucear en la esencia de la literatura: el conflicto entre personajes.

Salieron muchas historias de distinto carácter. Unas de humor, otras dramáticas,  otras incluso surrealistas.

En mi experiencia como Profesor de Escritura Creativa he comprobado que los niños y adolescentes, cuyas mentes no están tan maleadas por las ideas preconcebidas y el sentido de lo correcto, cuando se lanzan a escribir, demuestran una gran dosis de desparpajo y creatividad, y sacan a la superficie relatos, que si bien no son formálmente perfectos (ni falta que hace), están dotados en muchos casos de una fuerte carga de veracidad.

Mi instrucción era sencilla. Inventa dos personajes que se pongan a discutir, que tengan que resolver un asunto, y que piensen y opinen diferente.

Dos alumnos nos remiten los cuentos que escribieron en el Taller, en la mejor tradición de la comedia hispana y del humor negro.

Disfrutad de ellos: merecen la pena.

 

 

LA PAQUI Y LA MANOLI

 

Era una mañana de Mayo, como cada mañana Manoli se disponía a dejar a su hijo Fran en el colegio para mas tarde, a las 9, irse a tomar el cafe con las otras madres: la Chaki, la Loli y la Paqui. La Paqui de siempre había tenido mas dinero que las otras tres, su marido era dueño de tres carnicerías muy exitosas en la ciudad y ella era ama de casa y básicamente se dedicaba a vivir del cuento de su marido.bano Cómo limpiar el baño?

La mejor amiga de Paqui era la Loli, que aun estando por debajo económicamente de ella y aunque ella la daba pardisima alardeando de su dinero, a ella le daba igual porque nunca había tenido muchas luces. Como cada mañana, Paqui empezó a alardear de nuevo de lo feliz que era y de lo bien que lo pasaban ella, su marido Ricardo, y su hijo Fran: “Ay, pues hija, esta mi Richi está indeciso estos días porque no sabe si comprar el nuevo Land Rover o el Range Rover Evoque, en fin, que a mi ya sabéis que eso de siempre me ha dado igual pero es que mi Richi es muy especialito… Lo que quiero decir que se pone muy nervioso decidiendo y con sus cosas y luego yo en la cama le bajo los nervios” se reía, con esa risa chirriante y molesta propia de las ancianas del programa de Juan y Medio de Canal Sur. Al oír esto Manoli “murió” por dentro; Desde que su Paco se quedó en paro en 2010 no tenían un duro y tenían que sobrevivir con lo que a escondidas ella ganaba limpiando escaleras las mañanas que se excusaba diciendo que iba a visitar a su madre a la residencia. Ella como siempre sin pensarlo dos veces la contestó: “Mira guapa, no me jodas, que no nos interesan los tejemanejes de tu marido, que todas sabemos que todo lo que tenéis no es precisamente de la carne, que anda que no le han visto veces salir del polígono a toda ostia con el maletero del Porche lleno de sabe Dios que”. Paqui, cabreadisima, le dijo que si podían hablar un momento en el baño. Cuando llegaron, Paqui cogió de los pelos a Manoli y le dijo: “Esta es la ultima vez que has abierto la boca pa’ decir nada sobre nadie”, la zarandeó y la golpeó contra la taza del vater donde se rompió el cuello. Paqui salió y dijo: “-Vamos chicas, que nos cierran la frutería -Y Manoli?” preguntaron estas, ella contestó: “Ya le dije que tuviera cuidado no fuera que un día de estos se fuera a resbalar”.

 

Gonzalo Cruz                                                     1ºBHCS Instituto Gregorio Fernandez

 

 

 

CROQUETAS Y EMPANADILLAS

Manoli era una ama de casa aburrida que lo único que hacía eran croquetas y empanadillas, y cotillear con la Paquita por el patio. Después de hacer la comida para Antonio, su marido, fue a poner la lavadora con la ropa de su Jaime y su Paula, pero no funcionaba. Llamó al fontanero y este pasó por la tarde. Era un joven de unos veinticinco años que estaba buenorro y al que el mono y el sudorcillo que le caía por la frente le hacía muy muy sexy, por lo que la Manoli, harta de su monótono matrimonio decidió intentar tener una aventurilla con el fontanero.

–       ¡Ay hijo, llevo con la bajante atascada desde el noventa y dos! Mira a ver si puedes hacer algo y arreglármela – dijo la Manoli provocativa, la cual se había puesto la lencería fina. El joven sólo sonreía.

–       Señora, tendría que pedir una pieza que se le ha estropeado de la lavadora – la contestó el fontanero dándola largas.

–       A mi me gustan mucho las buenas piezas, las grandes y gordas me ponen a cien – dijo la Manoli sacando toda la artillería.

El joven al percatarse de las intenciones de la mujer le dice que es homosexual y que ya mantiene una relación, por lo que se enfundan en una discusión:

–       No habrás probado ni probarás placer mejor que el que puede darte una mujer hecha y derecha como yo – le decía la Manoli, ya desesperándose.

–       Lo siento, me gustan los hombres, y me satisface todo lo que puede llegar a hacerme sentir mi pareja, no insista.

–       ¡Esa no es relación cristiana! Ya me decía mi abuelo de chica que los mariquitas estaban enfermos. ¿Cómo puedes rechazar a una mujer bien dotada? ¿No serás un muerde almohadas tú…?

–       Señora, tengo que irme, un compañero vendrá a repararle la avería, él la informará de todo y la dará un presupuesto – contestó el joven enfadado.

–       Pero… será sólo un momento de verdad, le cojo un preservativo a mi Paula de la mesita de noche por si las ETS, y lo hacemos en el escritorio de mi Jaime, que cuando se trae a su novia cubana a estudiar ella siempre sale con una sonrisa después de decirme que han estado viendo vídeos del Justin Bieber ese.

–       ¡Ya está bien señora, me voy de aquí!

Según se dio la vuelta el muchacho, la Manoli cogió un trozo de cañería y le asestó un golpe en la cabeza que le provocó la muerte.

Después de esto y con el cadáver tendido en el suelo de la cocina, se puso a freír unos filetes de Sajonia.

 

 Marina Velasco Sanz                                            1ºBHCS Instituto Gregorio Fernandez

 

 

 

NI SÍ, NI NO: UN POEMA

NI SÍ NI NO

 

El bebé no atiende a razones.

 

No quiere hablar, ni caminar,

ni mucho menos hacer su cama.

 

El NO

defiende mis cuarteles.

 

Ni sí ni no, dice el bebé

como si fuera el viejo Nietzsche reencarnado.

 

Si mi razón fustiga,

berrea por toda explicación.

 

El bebé no atiende a razones.

No calcula intereses compuestos

ni liquida el negocio.

 

Ni sí ni no, es su mejor respuesta.

 

Blando, parlanchín, procaz.

El bebé desnuda los ojos del padrenuestro.

 

Manolo Yagüe

CARACTERES: EL EMPRENDEDOR

 Tiempo

EMPRENDEDOR

 

El emprendedor es un tipo de carácter un tanto loco, que las más de las veces sufre en carne viva el dolor de su locura, y cuyos cadáveres suelen ser un divorcio, alguna ruina, muchas deudas, y un par de éxitos modestos, gloría de tiempos mejores. El emprendedor apenas tiene tiempo y ya le persigue el reloj, con su imparable fisco de deudas y demoras. El cliente es el maná del emprendedor. En su caverna ha dibujado clientes, igual que los hombres prehistóricos dibujaron mamuts y gacelas en las paredes inaccesibles de Altamira. Emprendedores de ayer y de hoy. El emprendedor, cuenta ante quien le quiera escuchar su último proyecto, con pelos y señales, con cuentas de resultados falseadas por su tórrida imaginación. Es un Colón que siempre ve la tierra en exceso estrecha, adelgazada por la cintura gracias a la constante acción del fitness. Es un Colón que busca reyes para un cascarón de nuez, y que, una vez en tierra nueva, parlotea en mal esperanto y con gestos y con dibujos con cualquiera al que pueda sacarle provecho. Parece un mono, mírenlo, haciendo esfuerzos por aprender el chino, para embarcarse en el sueño chino, que antes era americano, y mucho antes inglés, alemán o francés. Se empapa el emprendedor de conocimientos prácticos e impracticables, técnicos y efímeros, esotéricos y milagrosos. Anda todo el tiempo estudiando, aprendiendo, mejorando, pero si se le pregunta no sabe concretar qué es aquello que con tal urgencia estudia, pues sus estudios siempre quedan a medias,  siempre surgen nuevos saberes imprescindibles para que sus negocios suban y suban.

Un emprendedor no tiene hijos. Y si los tiene, no los cuida. No le sería posible atender a sus hijos, la falta de tiempo es su cáncer, hasta que tengan edad legal de trabajar. Una vez alcanzada dicha edad, los hijos pasan de la potestad de la madre a la potestad del padre, que,  por arte de birlibirloque, pasa de mantener a los hijos a ser mantenido por los hijos, que ya no son hijos, son empleados. La relación paterno-filial siempre está a un tris del desgarro, pero la sujetan los intereses. Mejor manera que conoce el sistema social moderno de mantener relaciones duraderas, estables e incluso respetuosas. Los hijos adoran con un cuchillo entre los dientes a su padre, a quien dispensan un respeto digno de un dictador caribeño. En cuanto se muere, corren a la sala de juntas y se emborrachan como bestias dichosas.

Un emprendedor no tiene mujer. La mantiene pero no la da uso. De resultas, la mujer lo engaña —en el mejor de los casos—, toda vez se ha dado cuenta de que ha sido engañada cien veces. La mujer del emprendedor es una Penélope que espera con las croquetas siempre a punto de quemarse en la sartén. La mujer emprendedora suele estar casada con un hombre emprendedor, lo que iguala las cosas, por el lado de la mala pata. Los dos viven mal. Los dos andan solos. Los dos ganan o pierden, sueñan paraísos, temen a las horas. La mujer emprendedora es la más apaleada. Con hijos es una sombra de huesos rompiendo los calambres de la noche. Siempre con mala conciencia. Con la espada de Damocles de la sociedad tocino, pronta a criticar.

Dicen que no hay cultura del emprendedor en España. Pero dicen mal. El emprendedor español es un emprendedor de parque y taberna, un emprendedor hipotético, formal, artístico, teórico, vago, malhadado, de preparación escasa, de ínfulas soberbias, corniprieto, bragao y meano. El hispano es un emprendedor de poses religiosas, de matriz rebelde, de catadura facinerosa; o angelical y vulnerable, banal, esquivo, nebuloso, virginal, asustadizo, cabizbajo, imberbe, moralista, mujeril. Los opuestos se topan las espaldas, en torno a una sociedad que no los entiende, ni cuando ganan y se hacen ricos (rico en España es aquel que posee un coche de gama alta) ni cuando se hacen pobres (pobres en España son los demás, es decir los del pequeño comercio, y los autónomos con coche de pegatinas y letreros descoloridos). El emprendedor hispano ha de vérselas con la noble pose del empleaducho sin  apenas asuntos, con el funcioneta que pega sobres con mala leche —por más de un sueldo digno—, con el parao ambicioso y vago, con el político robaperas.

 

Caracteres, Manolo Yagüe

ENTRE LOS HACS: HENRI MICHAUX

 Ideograma de Henri Michaux

 

 

ENTRE LOS HACS

Conforme entraba en ese pueblo, un ruido extraño me llevó hasta una plaza llena de gente en cuyo centro, dos hombres casi desnudos, calzados con pesados zuecos de madera y firmemente plantados, luchaban a muerte sobre un estrado.

Aunque no era la primera vez que asistía a un espectáculo salvaje, cada vez que oía ciertos golpes de los zuecos contra el cuerpo, tan sordos, tan subterráneos, me invadía un gran malestar.

El público hablaba, no gritaba, aullaba. Esos quejidos inhumanos, jadeos de completas pasiones, se elevaban como inmensos cortinajes en torno a ese combate tan “cerdo” donde un hombre iba a morir sin grandeza alguna.

Y lo que tenía que ocurrir, ocurrió: una cabeza es golpeada por un zueco duro y estúpido. Los nobles rasgos, como lo son incluso los más innobles, los rasgos de ese rostro, son pisoteados como una remolacha insignificante. La lengua, productora de palabras, cae, mientras que en el cerebro ya no bulle ningún pensamiento y el corazón, débil martillo, a su vez recibe golpes, ¡pero qué golpes!

¡Ea, ya está bien muerto! Para el otro el premio y el contento.

—Bueno —me preguntó mi vecino—, ¿qué le parece todo esto?

—¿Y a usted? —dije, pues hay que ser prudente en esos países.

—Ya ve —replicó el otro—, es un espectáculo, uno más entre otros. En la tradición lleva el número 24.

 

“En otros lugares” Henri Michaux.