CARVER: LUGARES COMUNES

“Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.”

Raymond Carver

DE LA COMPASIÓN: POR MARÍA YAGÜE

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El tema de la compasión empezó a interesarme cuándo vivía en Irlanda, en aquel momento me hallaba enfrascada en terapia, preocupada por entender mi propio ser, por vivir en paz y plenitud, ¡casi nada!

Una de las cosas que más me ayudaron en los momentos en dónde el desaliento me podía, dónde nada tenía sentido para mí, sin razones obvias para ello, fue el poder de la palabra compasión. Como yo realizaba la terapia en inglés, la palabra que usaba como un mantra era compassion. La repetía o la escribía, siempre dirigida hacia mi propia persona, realizando una y mil veces un ejercicio de auto-compasión.

Lo curioso es que esta palabra tiene un rasgo peyorativo en español, siendo definida por la Real Academia como: “sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias”. Por el contrario, por ejemplo, en inglés y francés compassion es algo positivo, siendo una virtud ser compasivo. Hay centros como  “The Center for Compassion and Altruism Research” de la Universidad de Standord  dónde se estudia desde un punto de vista científico y en el mundo anglosajón  se realizan diferentes estudios en dónde se intenta medir su poder curativo.

Me niego a pensar que lo que yo hacía era un ejercicio de lástima y conmiseración, sino todo lo opuesto. La compasión debería ser revisada en nuestros diccionarios, considerándosela un acto de amor que nos permite ser capaces de sentir el dolor ajeno.

Y para mi regocijo personal he descubierto que dos pensadores como Jose Antonio Marina y otro de la talla humana e intelectual de Bertrand Russell, escribieron sobre este asunto mucho antes que yo. Marina, según sus propias palabras, escribe que “considerar a la compasión como un sentimiento paternalista y humillante es una gigantesta corrupción afectiva”. Russell por su parte la consideraba, ya en su vejez, como una de los motores que había movido su vida. Ya sé que esto no valida mi argumentación, por mucho premio Nobel que uno posea puede estar muy equivocado en muchas cosas, pero permitánme que lo disfrute como una pequeña victoria.

La próxima vez que tengan que obsequiar a alguien, incluidos ustedes mismos, ya saben, regalen compasión. No se agota, es gratis y no necesita del odioso papel de regalo.

 

María Yagüe

LA SABIDURÍA RECOBRADA: MÓNICA CAVALLÉ

Filosofía como terapia. Cuando leí por primera vez el libro, yo ya sabía algunas de las cosas que iba a aprender con su lectura. Puede que resulte paradójico, pero no. Pues, cuando una verdad es expuesta con la claridad con la que se expone la verdad en este libro, uno la reconoce al instante y, es más, se dice: siempre ha estado ahí, delante de mis narices, cómo no me he dado cuenta. ¿Podemos recobrar la sabiduría como espacio de todos? Quizá algunos han pretendido que el bien, la verdad y la belleza, son patrimonio de elegidos, gurús, legisladores, instituciones, estudiosos, personas de éxito… Este libro nos enseña a vivir mejor. Y a vivir de verdad. No es fácil, pero sí posible. Y es de todos.

 

P. D.  Lo diré, aunque no sé si debería. Bucay le copió a la autora unas sesenta páginas para su obra “Shimriti”, plagio que Bucay admitió. Así le lucía mejor la obra.

Mónica Cavallé. La sabiduría recobrada, filosofía como terapia.

 

“UNA HERMOSA DONCELLA”

UNA HERMOSA DONCELLA. JOYCE CAROL OATES

 

Durante el verano, mientras Katya Spivak trabaja como niñera al cuidado de los hijos de una acaudalada familia de la zona residencial de Bayhead Harbor, Nueva Jersey, conoce a Marcus Kidder. Katya, de dieciséis años, hija de una humilde familia rota por el alcohol y el juego, se deja deslumbrar por el señor Kidder, de sesenta y ocho, escritor, compositor, educado, famoso y… rico. Con una delicadeza que no cede al mal gusto, la novela pondrá sobre el tapete los deseos de tan desiguales personajes: ¿Qué es lo que quiere Kidder de «su hermosa doncella»? ¿Recuperar un sentimiento perdido? ¿O hay algo más? ¿Y Katya? ¿Qué desea Katya, y hasta dónde está dispuesta a llegar para alcanzar sus metas?

Jugando con el lector, tanto como lo hace el inteligente Marcus Kidder con su joven y «hermosa doncella», Joyce Carol Oates, con un toque de malicia disfrazada de sencillez, plantea sin concesiones cual es el precio a pagar por alcanzar nuestros deseos más profundos en una sociedad eminentemente marcada por el poder del dinero.

Literatura de alto voltaje, y de gran calidad. Pero también, y eso no es menos importante, literatura para el gran público.

La autora, nacida en Nueva York, en 1938, es una de las grandes de la literatura contemporánea norteamericana. Con más de cincuenta novelas a sus espaldas, amén de otras muchas compilaciones de relatos, libros infantiles, obras teatrales y de poesía, posee una obra inabarcable. Algunos títulos suyos, por citar solo algunos de los que podemos encontrar en el mercado español, son Puro fuego, La hija del sepulturero, Memorias de una viuda.

 

 

MANUAL DE DRAMATURGIA: TOMÁS URTUSÁSTEGUI

un sueño repetido

 

“El teatro, como muchas otras cosas de la vida, no se aprende sólo
con teorías, es necesario aplicar estas. La práctica, el estar escribiendo
continuamente, es desde mi punto de vista mucho más importante que
cualquier otro método de enseñanza. Aprenderá a escribir teatro quien
dedique tiempo a hacerlo y tenga una mínima facilidad para lograrlo. Sin esta
facilidad es inútil cuanto se haga. El dramaturgo nace y se hace, ambas cosas;
no basta con nacer con la facilidad, es necesario estudiar y trabajar; pero
tampoco logra gran cosa el que no nace con esa facilidad a pesar de que
estudie o trabaje. Pocos son los elegidos… ¿ Cómo saber si se tiene esa
facilidad? No existen reglas o pruebas que nos lo digan, el único modo de
saberlo es ponernos a escribir, probar una y otra vez, y después de un tiempo
prudente decidir por nosotros mismos si somos o no capaces de escribir un
texto teatral. Si nos queda alguna duda podemos consultar a algún maestro o a
gente conocedora del teatro. Por supuesto ellos pueden fallar en su veredicto.
Lo que sí pido es que nadie vaya a renunciar a la primera crítica o al primer
error que cometa. Los errores los seguimos cometiendo todos los que
escribimos.”

 

Manual de dramaturgia, Tomás Urtusástegui