>El ciego y la pistola (realismo sucio)

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El ciego, de por lo menos ochenta años,
saca una pistola y se pone a disparar.
Mata a dos, hiere a unos cuantos,
rompe lámparas, cristales,
mesas y sillas, y da a la máquina de discos.
Se queda sin balas, pero un disco se pone a sonar.
Elvis, con un acento desconocido.
Quizá sea que no murió.
El ciego tantea la mesa, deja la pistola a un lado,
y sigue comiendo su hamburguesa.
Cuando llega la policía, lo tratan con dulzura,
es inevitable, pues tiene temblor en las piernas.
No se nos ha ocurrido lincharlo.
Seguramente porque todos somos desconocidos.
Los muertos serán de otro estado,
 o de otro país, y así son las cosas.
Pagamos nuestro almuerzo y nuestra gasolina.
Nadie habla del asunto hasta que cruzamos la frontera.
Ensayo una broma, para rebajar el cansancio,
no deberían vender armas a los ciegos,
no es sensato vender armas a los invidentes.

      Manuel Yagüe

>Vallejo: últimos versos de Trilce.

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Después de todos esos poemas raros, difíciles, maravillosos, de Trilce, nos deja con unos versos sencillos, íntimos, que suenan casi a amor. Una esperanza. Aquí los dejo, dedicados a los latinoamericanos, por el poeta mayor de la literatura Hispana del siglo XX:
“Graniza tanto, como para que yo recuerde
y acreciente las perlas
que he recogido del hocico mismo
de cada tempestad.
No se vaya a secar esta lluvia.
A menos que me fuese dado
caer ahora para ella, o que me enterrasen
mojado en el agua
que surtiera de todos los fuegos.
¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?
Temo me quede con algún flanco seco;
temo que ella se vaya, sin haberme probado
en las sequías de increíbles cuerdas vocales,
por las que,
para dar armonía,
hay siempre que subir ¡nunca bajar!
¿No subimos acaso para abajo?
Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!”
Cesar Vallejo.

>Borges: dos consejos de escritura

>”Empiezo por divisar una forma, una suerte de isla remota, que será después un relato una poesía. Veo el fin y veo el principio, no lo que se haya entre los dos. Esto gradualmente me es revelado, cuando los astros o el azar son propicios. Más de una vez tengo que desandar el camino por la zona de sombra. Trato de intervenir lo menos posible en la evolución de la obra. No quiero que la tuerzan mis opiniones, que, sin duda, son baladíes. El concepto de arte comprometido es una ingenuidad, porque nadie sabe del todo lo que ejecuta. Un escritor, admitió Kipling, puede concebir una fábula, pero no penetrar su moraleja. Debe ser leal a su imaginación, y no a las meras circunstancias efímeras de una supuesta realidad.”

“Al termino de tantos- y demasiados- años de ejercicio de la literatura, no profeso una estética. ¿A qué agregar a los límites naturales que nos impone el hábito los de una teoría cualquiera?”

La rosa profunda, prólogo, Jorge Luis Borges

P. S. Pero, cuidado con hacer demasiado caso a Borges.

>Historia del siglo XX: un poema de Szymborska

>EL OCASO DEL SIGLO

Tenía que ser mejor que los anteriores, nuestro siglo XX.
Ya no está a tiempo de demostrarlo,
tiene los años contados,
andar vacilante,
respiración corta.

Han sucedido demasiadas cosas
que no debieron suceder,
y lo que tenía que llegar
no ha llegado.

Tenía que estallar la primavera
y, entre otras cosas, la felicidad.

El miedo tenía que abandonar valles y montañas.
La verdad tenía que ser más veloz que la mentira
en alcanzar el blanco.

Algunos desastres
no debieron repetirse,
por ejemplo la guerra,
el hambre, etcétera.

Tenía que respetarse
la indefensión de los indefensos,
la confianza y cosas por el estilo.

Quien deseaba complacerse en este mundo
se enfrenta
a una hazaña irrealizable.

La estupidez no es ridícula.
La sabiduría no es alegre.
La esperanza
dejó de ser una muchacha,
etcétera, por desgracia.

Dios tenía que confiar, por fin, en el hombre
bueno y fuerte,
pero un bueno y un fuerte
siguen siendo dos hombres.

Cómo vivir, me preguntó por carta alguien
a quien yo pensaba formular
la misma pregunta.

De nuevo y como siempre,
según lo dicho anteriormente,
no hay preguntas más apremiantes
que las preguntas ingenuas.

Wislawa Szymborska

>Eso he dejado de hacer (poema inconveniente)

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Comer moscas.
Eso he dejado de hacer.
Y arena.
Y todo lo que a la boca le podía caer en gracia.
Ya no hay experimento. Ni experiencia.
Quedan huesos. Pero no la carne.
Los coches que pasan, pasan.
Los que se detienen, se detienen.
¿Pero qué me digo?
¿Seremos sabios cuando estemos muertos?
¿Y si ya estuviéramos muertos?
¡Cuánta sabiduría!
Me está saliendo por el culo.
Después de nochevieja,
cagamos uvas de deseos todo el año.
Digestiones pesadas.
Hacer lo que los viejos han hecho para llegar a viejos.
Cuanta sabiduría de retrete para el resto del año.