>Thoreau y el capitán Brown

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John Brown fue un famoso abolicionista que sin más compañía que un puñado de hombres, entre los que se encontraban varios de sus hijos se dedicó a liberar esclavos, viviendo la mayor parte de sus días refugiado en zonas peligrosas y viviendo de forma espartana. Desde luego también fue para algunos un facineroso, un asesino, o hasta un loco. Es un digno representante de lo que entendemos por tipo del oeste, de esos que parece que sólo pueden darse en la Norteamérica del siglo XIX. Thoreau al enterarse de su detención reflexionó sobre el personaje, y lo defendió con ardor. El la introducción al ensayo, de Alianza Editorial, de donde también extraigo los textos finales, se dice que Thoreau “se mostró siempre mucho mas atraído por los ideales expresados por Brown que por Brown mismo”. A mí me gustaría pensar que Thoreau se sintió también profundamente atraído por la figura literaria que representaba ese capitán Brown: un tipo duro, de ideas claras, con no demasiada cultura pero capaz de defender a los débiles, y que no se dejaba intimidar por una pistola, que se embarca en la defensa de una causa justa, y que perece por intentar llevar a cabo una locura. Es también el ejemplo de la libertad absoluta, del hombre que no obedece a otra ley que la de su conciencia, etc, etc. El cine americano del oeste ha explotado este personaje, con grandiosos resultados (Sin perdón).

Y ahora, como no tengo ganas de ponerme a escribir una biografía del personaje, unas notas sacadas de la Wikipedia:

John Brown (9 de mayo de 1800, Torrington, Connecticut – 2 de diciembre de 1859, Charles Town, Virginia Occidental), fue un famoso abolicionista estadounidense, cuyos esfuerzos por acabar con la esclavitud incrementaron la tensión entre el Norte y el Sur durante el periodo previo a la Guerra Civil Estadounidense.
El 16 de octubre de 1859, apoyado por abolicionistas del Norte, planeó crear zonas liberadas en las colinas de la parte occidental de Virginia y con 18 de sus seguidores asaltó y tomó el arsenal federal de Harpers Ferry[1] (actual Virginia Occidental) y se hizo con el control de la ciudad. Su grupo fue rodeado por una compañía del Ejército bajo el mando del coronel Robert E. Lee. Diez hombres de Brown, entre ellos dos de sus hijos, murieron en la batalla que se produjo a continuación, y él fue herido y obligado a rendirse. Fue detenido y acusado de traición y asesinato, siendo ejecutado el 2 de diciembre de 1859, en Charles Town, Virginia Occidendal (entonces Virginia), convirtiéndose así en un mártir de la causa abolicionista para algunos, y un extremista para otros.
Al estallar la Guerra Civil en 1861 los partidarios de la Unión marchaban a la guerra cantando una canción popular que relacionaba el martirio de Brown con la venida de Jesucristo y el fin del mundo.[1]
Estos acontecimientos se narran en la película Camino de Santa Fe.
Los hombres de John Brown en la toma de Harper’s Ferry:[2] John Henry Kagi, Aaron Dwight Stevens, Owen Brown, Watson Brown, Oliver Brown, Jeremiah Goldsmith Anderson, John Cook, Albert Hazlett, Charles Plummer Tidd, William Thompson, Dauphin Osgood Thompson, Edwin Coppoc, John Anthony Copeland, William Leeman, Stewart Taylor, Osborn Perry Anderson, Dangerfield Newby, Lewis Sheridan Leary, Shields Green, Francis Jackson Meriam, John Brown.”

Por fin unas palabras de la “Apología del capitán Brown” de Henry D.Thoreau:
“Oigo a muchos que condenan a estos hombres por su número tan reducido. ¿Cuándo estuvieron en mayoría los honrados y los valientes? ¿Hubierais preferido que su acción se interrumpiera esperando ese momento, hasta que vosotros y yo nos uniéramos a él? Este mismo hecho de que no tuviera una chusma o una tropa de mercenarios en torno suyo lo distingue de los hombres corrientes. Su compañía era reducida porque los dignos de pasar revista eran bien pocos. Allí, cada hombre que ofrecía su vida por los pobres y los oprimidos era un hombre elegido, sacado de entre varios miles, millones; un hombre de principios, de valor poco usual y acendrada humanidad; dispuesto a sacrificar su vida en cualquier momento por el beneficio de sus hermanos. […] estos fueron los únicos hombres dispuestos a colocarse entre el opresor y los oprimidos. Fueron sin duda alguna los mejores que podíais seleccionar para colgarlos. Ese es el mejor cumplido con el que podía pagarles este país. Ellos estaban preparados para la horca. Ya se ha colgado a bastantes, pero a pesar de haberlo intentado nunca antes se había dado con los más adecuados.”
Y para terminar una estrofa de la canción que cantaban los soldados del norte durante la guerra civil, el Glory, Glory, hallelujah!:
John Brown´s body lies amouldering in the grave…
But his soul goes marching on.
He´s gone to be a soldier in the army of the Lord.
But his soul goes marching on.
The stars of heaven, they are looking kindly down,
On the soul of old John Brown.

>El 15 M, y la estrategia de la no-violencia

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El movimiento 15 M, ha dado con su repercusión y con su actitud, esperanzas a muchos ciudadanos respecto a las posibilidades reales del cambio social. Sin embargo, al tiempo, casi nada mas manifestarse comenzaron a surgir voces críticas, que aun no cuestionando los mensajes, el fondo, la manera pacífica de conducir la protesta, sin embargo dinamitaban el movimiento desde dentro, con sus objeciones.
Podríamos decir que la derecha estaba en contra tanto de la forma de desarrollar la protesta (ocupando espacios públicos, mediante convocatorias no oficiales, con el uso de la red como medio de difusión, sin contar con el patronazgo de partidos políticos ni sindicatos), como del fondo de la misma (contrario al capitalismo, a la riqueza desmedida, a las prebendas políticas, al sistema de elecciones, al descrédito sistemático al que habían llevado a la constitución los políticos). Sin embargo, el movimiento, por su popularidad y fines, difícilmente contestables, no fue criticado con excesiva dureza. Había una actitud condescendiente. Desde la derecha tenían claras dos cosas: que en un momento dado se sumarían a las protestas movimientos extremistas que tratarían de capitalizar el movimiento pacífico para establecer otras reivindicaciones, y que utilizarían a la masa para desarrollar tácticas violentas; y que la heterogeneidad de propuestas, las contradicciones internas, la falta de objetivos concretos, ahogaría el movimiento, que poco a poco se iría diluyendo.
La actitud de la izquierda ha sido si cabe todavía menos precisa. El movimiento ha despertado en la izquierda el mito revolucionario de mayo del 68. Pero ya sabemos, nuestro exceso de historia y nuestra escasa fe en las causas políticas nos lo dicen, que posiblemente acabaría en nada. Por eso muchos en la izquierda han visto el movimiento como unas jornadas festivas de jóvenes que anhelaban el amor libre y pasarse unas cuantas noches durmiendo al raso. La izquierda tiende a ser excesivamente condescendiente con las acciones violentas de grupos que apoyan sus ideas. Y por otro lado hay una izquierda posicionada, que no quiere cambios de ningún tipo que puedan socavar sus prebendas y beneficios. Dirigentes de izquierda que podrían ser de derechas, con solo que fueran sinceros consigo mismos, y cuyas reacciones podrían incluirse dentro de los grupos de derechas antes descritos.
Los siguientes presupuestos han sido determinantes para el éxito de la movilización:
La no-violencia.
Movimiento al margen de los partidos políticos.
No hay representantes, no hay nombres, no hay más que asambleas ciudadanas.
En todos los actos, dichos presupuestos se han seguido con notable rigor. Y lo que es más, la propaganda contraria, a pesar de su fuerza, ha resultado poco efectiva en los días centrales de las movilizaciones.
En otros aspectos el éxito ha sido menor:
Definición de la lucha en puntos concretos. Dos reivindicaciones han capitalizado las protestas, el sistema electoral español, y el acceso a la vivienda en España. En los dos casos se han visto victorias parciales. En el caso del sistema electoral, comprobamos el ascenso de partidos políticos que quieren promover un cambio en la ley electoral: UPyD, e IU, los más significativos. En el segundo caso, en lo referente al acceso a la vivienda, determinadas sentencias judiciales han dado la razón a los hipotecados frente a los bancos, y se han paralizado algunos desahucios. El camino por ese lado estaba claro, y los ciudadanos, la sociedad lo ha entendido bien. Por eso en esas concretas reivindicaciones debería insistirse, ya que hay un consenso bastante amplio.
Otras reivindicaciones, más abstractas y generales, no han sido comprendidas por la sociedad. Digamos que la sociedad no está madura, o que el movimiento no ha conseguido transmitir con suficiente concreción el objetivo a seguir. Lo comprobamos en los ataques del movimiento 15 M a los bancos, quienes han causado la crisis. El éxito ha sido muy pequeño, y no se ha conseguido presionar lo suficiente. Seguramente esto se deba a que no se ha concretado en un aspecto del problema, y en una medida que los ciudadanos pudieran comprender.
Dicho todo lo anterior, se puede afirmar que el movimiento del  15 M ha encontrado los medios de protesta, pero en algunos casos no ha concretado claramente los fines. Todavía, si es que se vuelve a producir, tiene que aprender varias cosas de movimientos parecidos en otros lugares del mundo. En concreto de Gandhi y su estrategia de la no violencia. Y de un buen conocedor de las tácticas utilizadas por Gandhi, Martin Luther King. La necesidad de una coordinación muy efectiva de las protestas, y que hay que evitar a toda costa cualquier brote violento. La necesidad de una causa simple, clara y comprensible por todos. Y el acuerdo de una sociedad responsable que apoye las protestas y las convierta en una causa legítima. Por último está el factor tiempo. No se puede esperar que unas simples manifestaciones, por muy multitudinarias que sean determinen un cambio brusco. La oposición al 15 M y sus objetivos es firme y tiene mucho poder político y económico, y no va a dejarse vencer ni mucho menos con facilidad.

>La pobreza económica del artista

>”La servidumbre económica del artista es una de las causas de la muerte del arte, y no hay época que escape de la vergüenza de mantener a los artistas en la pobreza. Sin embargo la pobreza es una experiencia de la que el artista puede extraer algún beneficio, como por ejemplo una comprensión receptiva de los sufrimientos de la humanidad y un conocimiento del comportamiento del hombre ante la adversidad. Tal vez para que el artista se desarrolle le sea fundamental recibir ciertas lecciones de humildad. Pero no hay ninguna sanción para esa otra forma forma de servidumbre que procede de la intolerancia.”

Al infierno con la cultura, Herbert Read.

Es decir, que el artista puede soportar, aunque sea penosamente, ser pobre; lo que no puede soportar de ninguna manera es la falta de libertad.
Ahora bien, sería deseable que los artistas de hoy en día no tuvieran que vivir al borde de la indigencia. Por el bien de los artistas, de las familias de los artistas, y por el bien del arte en general.
Claro que sería justificable mantener a los artistas en ese nivel de miseria y servidumbre, si estuviese asegurada una producción excepcional. Imaginemos que la pobreza de los artistas en España en la actualidad, redundase en la producción de otro nuevo siglo de Oro de las artes. Por lo menos estarían justificados los esfuerzos.

>El 15 M

>Que nos quede claro que, con ser mucho, no es suficiente el 15 M. Hace falta mucha reflexión social, una interiorización de las causas que nos llevan hasta donde estamos, y una responsabilidad firme frente a las acciones propias que consolidan o mantienen el estado de cosas presente. Somos responsables de manera individual, y el cambio será individuo a individuo.